Miguel Michinel
TINTA DE VERANO
Vivir en la luna
Información recurrente como histórica al acabar la Semana Santa, en el Domingo de Resurrección, es el del desencuentro entre las autoridades eclesiásticas y civiles, el conocido desplante, del que he sido testigo directo como desplantado en varias ocasiones. El acto se ha convertido en una referencia histórica desde el siglo XVIII, para curiosidad y atractivo de vecinos y visitantes. Hizo historia y ya es historia. Por ello el ocurrente, como fidedigno titular, de La Región al respecto: Una factura de tres siglos pone fin a la Semana Santa.
Pero hete aquí que, menos de cuarenta y ocho horas antes, en la tarde del Viernes Santo, en un ayuntamiento “das Rías Baixas” , un ciudadano que, como dicen en algunos lugares de Galicia, es un “home de escuela” -profesor jubilado y de amplio bagaje cultural-, acudía al Solemne Vía Crucis y a la Acción Litúrgica, seguida de la procesión del Santo Entierro y la Dolorosa; como se puede comprobar una amplia y atractiva gamma de actos para un Día Grande, el Viernes Santo. Pero el caso fue que el “home de escuela”, de raíces ourensanas, estando dentro del templo y a la espera de dar comienzo los actos, observa al alcalde encabezando la corporación, sentados en los primeros bancos de la bancada de la iglesia; no se lo piensa, y tan desinhibido como es, acude a saludar a la primera autoridad local. ¿Qué sucedió?: Pues qué al disponerse a estrecharle la mano al alcalde, éste se ¡incorporó! para cumplir con el requisito de la estrechez manual, pero… con el alcalde, al unísono, se levantan los munícipes y la mayoría de los fieles asistentes. Un gesto de cortesía plural al “home de escuela”, opuesta a un desplante, que podría ocurrir como sucede en Ourense desde hace tres siglos, aunque aquí ya como antigua tradición.
Siempre la prevención como el más noble protocolo, también en ocasiones litúrgicas
El desplante del Domingo de Pascua en Ourense evoca viejas tensiones. En esta edición recién acabada, el señor Obispo incidió en la homilía en una vida plena, a pesar de las dificultades, con el deseo de “queremos ver instituciones más justas y pensadas para la gente”. El desplante, que minutos después hizo en las escalinatas de Santa María Nai, dada la prohibición del Obispado a que los munícipes pisen las escalinatas, como es costumbre para cerrar la Semana Santa, no es más que la recreación de la tradición del enfrentamiento entre la Iglesia y el Gobierno de la Ciudad. Un desencuentro que, como podemos comprobar, el señor Obispo al haber implorado anteriormente al “queremos ver instituciones más justas y pensadas para la gente”, está significando que de haberse aplicado a su tiempo -tres siglos antes- no se hubiera dado el desencuentro que condujo al desplante y aún perdura. Siempre la prevención como el más noble protocolo, también en ocasiones litúrgicas.
Hoy, en un mundo, en el que España no es ajena, polarizado y enfrentado, con desencuentros entre instituciones, guerras entre países, que un ciudadano de a pie -maestro de escuela- vaya a saludar a su primera autoridad política en la Iglesia, todos se levantasen, aunque sea por imitar o acompañar, denota y transmite cortesía y respeto, que se contraponen al descaro y arrogancia del desplante. Parece cómo que algo hemos aprendido…, aunque sea un episodio de espejismo, en el que es más que un deseo fue una evidente cortesía.
La Semana Santa, que siempre termina con el Domingo de Resurrección, y que por cualquier territorio que transites en esos días, ves celebraciones cada cual más diferentes pero con el mismo fervor, no es óbice para que el señor obispo de Ourense -don Leonardo Lemos-, minutos antes de dar el desplante haya significado las palabras, en las que no deja dudas de que las instituciones deben estar pensadas para las necesidades de la gente, asistirle, resolver sus problemas y ¡no crear conflictos! Y el gesto del alcalde en las “Rías Baixas”, al incorporarse para saludar a un ciudadano jubilado “home de escuela”, es pura enseñanza en una festividad que tiene en el Domingo de Pascua o Domingo de Gloria su episodio final. Para el “maestro de escuela” fue de Gloria y Resurrección. ¡El valor de un gesto!
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