Sobre el día nuevo

LOS ASUNTOS IMPORTANTES

Publicado: 27 sep 2026 - 06:50
Sobre el día nuevo
Sobre el día nuevo | @txarka.ilustracion

El sueño no es una reparación. Es una oportunidad. Un tesoro cotidiano para volver a ser otros después del gran acontecimiento de dejar de ser nosotros. La fortuna de volver a ser ligeros, sin traumas ni preocupaciones periféricas. Nuevos como el aire nuevo y soplado por primera vez. Sin dolores de cuerpo, sin textos por escribir, sin fruta por recoger. Venidos a esta cosa extraña y entusiasmante de la vida sin lastres emocionales ni enquistamientos de ningún tipo. Encarnados en un chorro de alegría inocente, esa nueva y un poco boba, a la que accedemos cuando todo está bien y nos abrimos al mundo sin cuestionar nada.

Amanecer, amanecerse, es la suerte, también física, de acompañar al planeta en sus orbitaciones mágicas y sabernos parte de su microbiota infinitesimal. Dormimos, pues, cuando el girar incomprensible nos arrulla para ese viaje diario de olvido y recuerdo, en el que muere al fin la persona que nos cuesta sujetar y renace un tipo distinto, quizá simpático, al que habremos de recibir con una mezcla de sospecha y entusiasmo. Tal vez sea para esto que organizamos el pequeño viaje de irse a la cama, con rutinas más o menos onerosas, de lavado de dientes, ungüentos industriales y cremas milagrosas que probablemente sean un timo. Por eso un pijama limpio, de algodón y en tonos suaves, para largarse con buena pinta y recibir al otro lado a aquel que venga y reconocerlo, a pesar de todo.

Venimos del sueño con las fatigas recolocadas, con el orgullo disuelto, con las tristezas en olvido. Esta pequeña lucha sucede en el oleaje suave de antes de estar puramente aquí. Cuando todo es posible y no recordamos casi nada. Cuando ese metraje valioso sobre nuestra existencia individual flota caliente detrás de los ojos y, si somos discretos y encontramos un poquito de voluntad, podremos cazar echando la garra hacia adelante, aunque sigamos siendo espectadores de nosotros mismos. Hay quien apunta estos viáticos en una libretita, quien los utiliza como material creativo, quien pretende ver aquí señales trascendentes, como si la vida fuese para tanto. Seguramente todo es bueno. Nos conviene pensar así.

Dormimos, pues, cuando el girar incomprensible nos arrulla para ese viaje diario de olvido y recuerdo, en el que muere al fin la persona que nos cuesta sujetar y renace un tipo distinto, quizá simpático, al que habremos de recibir con una mezcla de sospecha y entusiasmo.

No hay que volverse locos pero está bien atender a estos instantes bisagra y aprovechar los renacimientos, cuando venimos desarmados y nuevos, como viene el día, aunque nos empiece a asustar volver a ver aparecer el sol sobre la sierra, en este planeta hinchado de sobrecalor. Somos otros después del sueño. Y hemos dormido con las demás criaturas del mundo. Hemos compartido un mismo letargo reiniciante. Venimos nuevos como el día y es importante reconocerlo así. Ofrecer poca resistencia. Recibir al otro que nos va a servir de máscara hasta que vuelva la noche. Hay que dejar ir los miedos, aflojar las frustraciones, dejar ir esas pequeñas violencias intestinos abajo.

El día nuevo somos nosotros también nuevos. La renovación de la luz (toda luz es siempre nueva, aunque venga de explosiones antiguas) es además una renovación de la complejísima sustancia sagrada que forma nuestros cuerpos y nuestros pensamientos. Hagamos lo posible por recibirlo así, blandos y espontáneos, conscientes de las estupideces humanas, de la gran inutilidad de casi todo y abrir los brazos bien grandes, para el día que volverá a traer la vida y para el tipo que encarnaremos hasta que caiga la tarde. Ambos se lo merecen todo.

Y ahora sí, ajustemos el embozo, abramos el sobre de las sábanas y echemos un pie al suelo. En este gesto nos lo jugamos todo. Si lo hemos hecho bien tendremos hoy una oportunidad para hacerlo todo distinto. Distinto y nuevo. Mejor y distinto.

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