Donde dije ayuda digo fraude

PENSAR POR PENSAR

Publicado: 03 jul 2026 - 00:10
La Región

Cuando en 1990 Manuel Fraga se conformó con presidir Galicia, se apresuró a completar la ingeniería electoral iniciada por Fernández Albor, quien por conveniencia del PP reformó la ley vigente elevando el número de diputados de 71 a 75 en el Parlamento de Galicia. Siguiendo esa dinámica, en 1992, el patrón, ya en la Xunta, consideró que para obtener escaños los partidos deberían alcanzar el 5% y no el 3% en cada circunscripción, contra lo pactado antes de 1981. La maniobra cerró las puertas a todos los partidos minoritarios habidos y por haber. Acto seguido agudizó la mirada hacia el voto del exterior prestando especial atención a los residentes en Argentina, tradicionalmente ensalzada como la quinta provincia gallega. Ante esta ingeniería electoral no hubo grandes discrepancias por parte del PSdeG y fue aceptada con resignación por el BNG. De fondo, a la ciudadanía nos pareció de justicia prestar atención a los hermanos de la diáspora mediante ayudas económicas, sanitarias, educativas, culturales y posibilitar el retorno. Para los partidos, la contrapartida sólo ha representado el valor de sus votos, nunca decisivos. Y, además, ningún experto ha cuantificado jamás cuánto han costado esos sufragios al erario gallego en detrimento de las inversiones y servicios en nuestra comunidad. Se han dado por justos y buenos.

Hay politólogos que insisten en considerar semejante actitud fruto del mimetismo del líder con la extrema derecha

Como es lógico y las hemerotecas lo guardan, no ha habido político gallego que se precie ajeno a recorrer todos los centros gallegos del mundo en vísperas electorales, incluido Núñez Feijóo, cuyas declaraciones a favor estos días inundan las redes y los medios, magnificando su falta de memoria y coherencia frente a la aplicación de la “ley de nietos” agilizada por el Gobierno de Sánchez. De este modo, ha puesto de manifiesto la sospecha de que sobre ingeniería electoral sabe y calla cuánto aprendió de Fraga y perfeccionó después. Un nuevo error de estrategia que lo aleja de la confianza disfrutada entre sus votantes gallegos dentro y en la diáspora. Insiste Feijóo en errar y donde dijo ayuda ahora dice fraude para sonrojo de los suyos, aplausos de las esperanzas contrarias y torpes rectificaciones apresuradas.

Hay politólogos que insisten en considerar semejante actitud fruto del mimetismo del líder con la extrema derecha. Es posible, pero la gravedad reside en la impotencia y en el fracaso de todas las acciones contra Sánchez (derogación, destrucción ética y judicial, acosos mediáticos, bulos, tropiezos corruptos, asedios familiares, apelación negativa a los socios…), una espiral que en lugar de destruir al presidente del Gobierno está reactivando una conciencia solidaria con el perjudicado, muy habitual en la España sufridora, y despreciando al agresor que, por mucho que grite, no convence. Al mismo tiempo, se agranda la sospecha de que el nuevo triunfo del PP en las elecciones de 2027 pueda ser tan pírrico o quizás peor que en 2023.

La ley de nietos para reintegrar la nacionalidad española a miles de víctimas del exilio, así como la regularización extraordinaria de migrantes residentes, se han convertido en dianas de la intransigencia de la extrema derecha, incluso contra el criterio de la Iglesia católica, de Cáritas, de las organizaciones empresariales y sindicales. No se entiende pero se acepta ese cáncer social insolidario propio de Vox y de grupos similares, sin embargo no es de recibo que la derecha tradicional, cultural e intelectualmente bien educada, se deje arrastrar al abismo de peligrosas teorías hoy dialécticas y mañana quién sabe si de índole más grave, por conseguir un menú de titulares o un hipotético puñado de votos.

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