Miguel Michinel
TINTA DE VERANO
Del disfraz al interfaz
TINTA DE VERANO
Hubo un tiempo en que la seguridad se medía exclusivamente en cerrojos y donde perder las llaves de casa suponía la peor de las hecatombes. Cuando la amenaza tiene cuerpo, presencia e incluso horario, puede colarse por las rendijas físicas y obligar a mirar dos veces antes de acostarse. Hoy, sin embargo, aunque seguimos cerrando con cuidado la puerta del hogar, dejamos abiertas, de par en par, otras muchas que no vemos.
La ciberdelincuencia no necesita forzar nada. Ni hace ruido ni rompe cristales, como tampoco deja huellas visibles en el suelo. A veces basta con un correo electrónico, un simple mensaje breve o una llamada que parece rutinaria. Al otro lado no hay prisa ni violencia, solo paciencia y una certeza: que, en algún momento, alguien abrirá. Porque ya no se trata de derribar la puerta. Recuerda a las leyendas sobre vampiros, que necesitan invitación para entrar.
Los métodos han cambiado, pero no tanto como parece. El viejo timo de la estampita ha sido sustituido por páginas que imitan a la perfección a un banco, a una administración o a una empresa conocida. Todo resulta familiar: colores, logotipos, tono. La confianza ya no se gana, se simula. Y es en esa simulación, a menudo impecable, donde reside su eficacia. Hemos pasado de engañar con disfraces a hacerlo con interfaces.
Hay algo profundamente inquietante en esta nueva forma de delinquir y es el desplazamiento de la responsabilidad. No porque la víctima la tenga, sino porque así se percibe. Quien cae suele preguntarse en qué momento se equivocó, qué señal no supo ver, qué detalle le pasó desapercibido. La culpa, aunque injusta, se instala con rapidez. Y el delincuente, mientras tanto, permanece invisible, ajeno a una carga moral que parece no corresponderle.
Se suele decir que la tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad para comprenderla
También cambia la escala, porque un carterista trabaja a ras de suelo, mientras que un ciberdelincuente puede operar a gran distancia, multiplicando su alcance sin moverse de sitio. Da igual si lo intenta cien o mil veces, porque no existe riesgo inmediato. No hay contacto, no hay mirada. Solo un flujo constante de intentos que, por pura estadística, acaba encontrando rendijas. La seguridad, entonces, deja de ser un estado y pasa a ser un hábito.
Se suele decir que la tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad para comprenderla. Quizás por eso seguimos confiando en lo que reconocemos, aunque solo sea una mera copia. Pulsamos enlaces, facilitamos datos o respondemos mensajes con la misma naturalidad con la que antes abríamos una carta. Pero el entorno ha cambiado y, con él, las reglas. Lo que antes era pura cortesía, ahora puede suponer una grave imprudencia.
Frente a esto, debemos precavernos, pero tampoco podemos caer en el miedo permanente. Vivir desconfiando de todo tampoco es vivir. Más bien, lo que sí se nos exige es una nueva forma de atención, una vigilancia discreta, casi silenciosa, que no depende tanto de herramientas sofisticadas como de pequeños gestos: detenerse un segundo más, dudar lo suficiente, no actuar por inercia. La pausa es una forma de defensa en un mundo tan acelerado.
Además, la irrupción de la inteligencia artificial ha puesto en manos de los ciberdelincuentes nuevas herramientas que elevan exponencialmente el riesgo. Si seguimos depositando nuestra seguridad en lo palpable, nos arriesgamos a ignorar que, en realidad, depende cada vez más de lo que decidimos creer. Como en la vida, no todo el que llama a nuestra puerta merece que se le invite a pasar.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Miguel Michinel
TINTA DE VERANO
Del disfraz al interfaz
Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Profeta
Xoán Antón Pérez-Lema
CADERNOS DA VIAXE
Asfixian o noso sector lácteo
Juan José Feijóo
Jorge Bermello, felicidades
Lo último
TÉRMINOS DENIGRANTES
Una mujer pide 6 años de cárcel por maltrato en Ourense
Siete años después
El enlace AVE de Taboadela sigue “en planificación”
VANGUARDIA TECNOLÓGICA
El Centro de Ciberseguridad de San Cibrao das Viñas, a la vista tras el verano
JUICIO EN OURENSE
Juzgada por una rebaja unilateral de un alquiler en Ourense