Antonio Nespereira
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Viendo urgencias en Urgencias
TRAZADO HORIZONTAL
Corrupción, paro fijo discontinuo, vivienda, pérdida de credibilidad, mentiras y engaño, falta de peso internacional, desigualdad entre territorios y españoles, repudia social ante la incesante subida de impuestos o las vergüenzas de la prostitución, las saunas y los casos de acoso sexual que no se tapan con Suárez ni Julio Iglesias. Por si el sanchismo no tuviera suficiente, ahora se enfrenta también a la disidencia interna del propio socialismo. Dentro del PSOE ya se ha oficializado la disidencia antisanchista, más allá de la contestación del fallecido Lambán o del molesto Pepito Grillo manchego. Ahora, además de Page y los ya conocidos toques de atención de históricos como González y Guerra, se ha presentado un manifiesto que impulsa la disidencia interna liderado por el exministro socialista Jordi Sevilla, aquel que en cuatro tardes puso al ahora repudiado Zapatero a la vanguardia de la economía mundial. Recordemos que ZP tuvo que convocar elecciones cuando la UE le exigió medidas por su negación de la crisis económica de 2008.
Tanto sanchistas como no sanchistas han constatado, por fin, que la prioridad de Pedro Sánchez es él mismo, su propia permanencia en la presidencia del Gobierno, aunque eso le pueda costar al socialismo español un rechazo social mayoritario y una debacle electoral sin precedentes. En el PSOE, más allá de los “vejestorios históricos”, como llaman algunos sanchistas a lo que consideran “jarrones chinos de estorbo” a los planes personalistas de Pedro, la contestación interna se empieza a sentir con latido propio. Fuentes cercanas a la Moncloa reconocen preocupación del líder supremo, por cuanto su control del poder colocando a ministros en candidaturas electorales y en las jefaturas territoriales del PSOE que todo se lo deben a él para asegurar así lealtad empieza a ser cuestionado y contestado.
Tanto sanchistas como no sanchistas han constatado, por fin, que la prioridad de Pedro Sánchez es él mismo, su propia permanencia en la presidencia del Gobierno, aunque eso le pueda costar al socialismo español un rechazo social mayoritario y una debacle electoral sin precedentes.
Con ‘Socialdemocracia 21’, Jordi Sevilla y quienes secundan su manifiesto pretenden abrir formalmente un debate interno sobre la continuidad de Sánchez al frente del PSOE. Aunque parece ya un poco tarde, el objetivo es forzar un cambio en la política de alianzas sanchistas, que muchos socialistas consideran una “vergüenza moral” tras los pactos con Bildu y los golpistas catalanes. Y aunque en el ideario de los “socialistas de bien”, como se denominan a sí mismos, prevalecen cierto cordón sanitario a la derecha del PP y la agitación del miedo a la extrema derecha de Vox, piensan mayoritariamente que estamos ya en un punto de no retorno de Sánchez que requiere salvaguardar la supervivencia del PSOE como partido de Estado bajo siglas que garanticen la alternancia democrática. La enajenación sanchista no sólo pone en peligro la continuidad del PSOE como partido mayoritario, sino la propia viabilidad del Estado tal y como se ha entendido desde la Transición y la Constitución de 1978. Y esa preocupación existencial e ideológica, unida al desprecio del sanchismo por el pasado socialista, es la que está haciendo perder el miedo a la disidencia antisanchista, pues, como es sabido, una de las temidas características de Sánchez consiste en no perdonar cualquier mínimo rechazo a sus caprichosas y egoístas decisiones que muchos de los abajo firmantes consideran “autoritarias y arbitrarias”.
La disidencia antisanchista no está ya por la labor de depositar una fe ciega en el considerado líder caudillista de lo que queda del PSOE. Más bien apuesta por buscar una alternativa moderada a Pedro Sánchez para pasar el trago de sucesivas derrotas electorales autonómicas que tendrán su mayor castigo en las generales. La iniciativa de Feijóo para acabar con los suplicatorios en un movimiento preventivo contra la impunidad de Sánchez ha dolido al sanchismo, pues los más realistas no descartan problemas judiciales ante el horizonte judicial que le espera al entorno de Pedro el limpio e inmaculado, Pedro el regenerador de la democracia española que ha resultado ser todo lo contrario. Los disidentes antisanchistas consideran que cuanto más tarde el PSOE en buscar un recambio a Pedro Sánchez y en aceptar el duelo de un cambio inevitable, mucho más dura será la caída del socialismo español. La disidencia antisanchista considera que el comodín de Franco y de la extrema derecha ya no funciona como relato propagandístico con el que disuadir a los españoles de que voten al PP y a VOX. Tampoco la agitación oportunista de las denuncias sexuales contra Suárez y Julio Iglesias, teniendo la casa sin barrer. Más bien al contrario, piensan que Sánchez está facilitando una mayoría histórica del centro derecha como estrategia de supervivencia personal que ya está descontada porque no da resultado ni genera relato. A Pedro el estadista sólo le queda alzarse como el gran líder universal de la disidencia internacional antitrumpista en busca de oxígeno con el que revivir su moribundo liderazgo político en España. Sin embargo, el manifiesto de la disidencia antisanchista ha llegado en un momento de dudas internas sobre Pedro Sánchez, cuya deriva ya no se silencia de puertas adentro. Lo que era y es un clamor político nacional se ha transformado en disidencia interna antisanchista.
Pedro Sánchez se ha puesto el casco y el mono electoral tras sus largas vacaciones navideñas, y está desatado en sus ya conocidas e incumplidas propuestas fake. Así que Pedro vuelve a la propaganda como método para no dar explicaciones de la corrupción que le rodea. Tras privilegiar a Cataluña con 5000 millones, esta semana se vistió con chaleco reflectante para anunciar su particular operación Campamento: otro decreto ley como el de hace un año con el que paliar la desastrosa política de vivienda de sus sucesivos gobiernos tras anunciar la construcción de miles de casas de obra pública que nunca se pusieron en pie. El fondo soberano intervencionista y la cesión de la Seguridad Social al PNV junto al modelo de financiación pactado unilateralmente por Sánchez con ERC son un lastre electoral para las candidaturas socialistas. El fomento de la desigualdad entre territorios y españoles para garantizar la continuidad de Sánchez en la Moncloa ha quedado retratado en el explosivo Consejo de Política Fiscal y Financiera en el que la vicepresidenta y candidata Montero se quedó sola con Illa frente a las agraviadas comunidades gobernadas por el PP, que son mayoría. (1174).
Alberto Núñez Feijóo está forjando el cambio en España con una oposición contenida que navega entre las aguas hostiles del PSOE y las aguas bravas de VOX. No es fácil llevar a buen puerto el barco popular cuando se produce una pinza política así. Sin embargo, los sucesivos resultados electorales autonómicos y las encuestas dan la razón al líder de los populares, pues cuenta las convocatorias por victorias. Aunque Feijóo trata de concentrar el voto de derechas en el PP, no parece posible una mayoría absoluta como la de Rajoy, pues entonces no existía Vox. Por eso el líder popular parece resignado a gobernar con Vox en autonomías como Extremadura, según reclama Abascal, con el objetivo de que éste permita la investidura de Feijóo tras las generales sin entrar en el Gobierno. La política fiscal y de vivienda del PP es una apuesta decidida que “dará sus frutos”, piensan en Génova. Pero sobre todo se marcan como objetivo la regeneración democrática frente a la corrupción, la lucha contra la inmigración ilegal y el cumplimiento constitucional. Además de la política exterior y de defensa, Feijóo sabe que todo ello planeará en su reunión del lunes con Sánchez.
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