Sobre divertirse con uno mismo

LOS ASUNTOS IMPORTANTES

Publicado: 25 oct 2026 - 06:10
Las ideas navegan en la mente de uno.
Las ideas navegan en la mente de uno. | @txarka.ilustracion

Hay que saberse siempre en la mejor compañía, la propia. El viaje de los años, que es un viaje múltiple para descubrir el mundo, hay que resolver el misterio de uno mismo. No basta con una intuición soportable, ni un pacto mohíno y superficial. De lo que debería tratarse es de la sinceridad, del disfrute, del regalo de entendernos arropados por ese alguien que nos da identidad y cuerpo, intimidad y aventura.

Este asunto del uno mismo, del pensamiento interior, de lo que venimos siendo cuando no hay nadie alrededor, lleva un tiempo comprender. Quizá porque no estamos completamente solos y nos habitan todos los que hemos sido (el niño, el loco, el imbécil), además de los amores difuntos y los antepasados (conocidos o no), que hacen fuerza cuando hacemos fuerza y nos guían en cada movimiento y en cada decisión con la pericia ancestral de la especie. Aún así, en el cricrí de la noche, en el lecho amaneciente, en la casa del silencio, nos reencontramos con la soledad propia. Y esa cosa multitudinaria que llamamos soledad debe ser explorada y comprendida, echando mano de los recuerdos olvidados de libertad que llevamos sin saberlo, como una carga secreta en las partículas que nos componen.

Conviene saber si estaremos listos con unas horas de pequeñas rutinas domésticas o si harán falta varios días para volver a tener ganas de compartir la sacrosanta autonomía y beber de varios chorros.

La soledad, eso de la soledad, tan mal comprendida en esta civilización del entretenimiento, que nos quiere siempre ocupados y dispersos, debe examinarse a la intemperie, expuesta a los vientos de la vida. Es en el silencio cuando podemos examinar los ruidos interiores, la cadena de crujidos tectónicos de cada uno. Ahí, bajo la noche estrellada, está la oscuridad maravillosa de uno mismo. Tal vez debamos hacer un esfuerzo para ponernos de cara a la soledad, para gozar de esta autonomía múltiple, para hacer salir a todos los de dentro y hacer conversación. Y estas tres condiciones (distanciamiento, silencio, oscuridad) funcionan como la puerta al gran misterio. Alejémonos pues un poquito, tomemos distancia de los hombres, consigamos un rincón de quietud y procuremos tiniebla para observar los adentros, que sucede sin luminarias artificiales, confiando en la naturaleza, como el ojo de agua y carne que ha sido hecho para ver sin luz.

En el baile de la vida, ahora que la comunidad se deshilacha y nos volvemos individuos aislados, flotantes, vamos comprendiendo los tiempos de cocción social que nos corresponden, el tiempo de ermitañismo que necesita el espíritu para estar preparado de nuevo antes de regresar a la sopa de la gente. Conviene saber si estaremos listos con unas horas de pequeñas rutinas domésticas o si harán falta varios días para volver a tener ganas de compartir la sacrosanta autonomía y beber de varios chorros.

Sólo así, cultivando la soledad, se puede ser amigo de uno mismo, se logra conocer a quien nos habita y podemos gozar de su compañía. Es maravilloso saber del humor personal, de nuestras manías recurrentes, de los alaridos cómicos de cuando nadie nos ve. Hay que abrazar a esa criatura y tener a mano los discos de salsa para que baile ridículamente a través de nosotros. Y concluir que somos fuertes, que tenemos lo necesario para atravesar los años, cultivando una soledad bondadosa, una excentricidad terapéutica, una intuición poderosa, pescando lo mejor en las aguas del hacia dentro. Ese repertorio de curiosidades es lo que nos inmuniza y divierte. Cuando sabemos despertar la carcajada propia y somos nuestra mejor compañía, estamos preparados para abrirnos al mundo y gozar de los otros, en esta pequeña cosa de estar vivo, que dura poco, duele mucho y requiere tanto humor como coraje.

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