Donald Trump "Ave, César"

Publicado: 16 abr 2025 - 01:05 Actualizado: 16 abr 2025 - 10:09
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Resulta frívolo, osado y quizás pueril, permitirse cuestionar a alguien que ha ganado las elecciones de la primera potencia económica mundial de manera incontestable y presumiblemente democrática, pero es una oportunidad que no quiero dejar pasar.

Y digo yo, ¿Este señor no se estará pasando de frenada?

Ganar las elecciones norteamericanas no da derecho a todo, ni hace que te conviertas en Dios, porque lo que este hombre no sabe, es que nada da derecho a todo y ningún hombre es Dios, ni tan siquiera él.

A sus 78 años considera que él solito será capaz de salvar a América del resto del mundo, que los ha estado estafando desde el principio de los tiempos. Se ha erigido como el nuevo Capitán América, único líder de la nueva tecnocracia u oligarquía, a la que yo denominaré, con vuestro permiso, “testocracia” u “ovogarquía”. Porque si él no le tiene que pedir permiso a nadie para hacer tambalear la economía mundial, yo tampoco lo pediré para bautizar su mandato.

El César Trump, exitoso empresario, político populista y afamado autor de citas célebres en sus ratos libres, acuñó el término “Día de la Liberación”, para como si de un nuevo Moisés se tratase, presentar de manera grotesca las tablas de la ley. La puesta en escena de la política arancelaria norteamericana, me recordó a cualquiera de las películas de la rancia saga “Loca Academia de Policía”, de chiste. El problema es que este no es ningún chiste y, por lo tanto, no tiene ninguna gracia.

¿Qué pretende Donald Trump con la implantación de aranceles a gran parte del planeta? En primer lugar, como cualquier macho alfa, marcar territorio. En segundo lugar y hablando en términos económicos, nadie puede ser tan irresponsable como para hacer esto y no tener un plan.

¿Y cuál es el plan?

A mediados del siglo XX el 30% del PIB norteamericano era industria manufacturera, hoy apenas llega al 10%. Durante el primer mandato de Trump este índice mejoró ligeramente. Ahora pretende que esto ocurra ipso facto. Pero la realidad dice que grandes compañías norteamericanas producen en países económicamente más baratos, por una cuestión de costes y que ipso facto no se moverán de donde están, porque una cosa es el patriotismo y otra bien distinta, la pasta.

¿Y con China habrá trato? Con China también. De entrada, no, pero acabará habiendo trato.

Las empresas que más crecen en USA son los gigantes tecnológicos, mientras que la importancia del resto del sector productivo americano se ha ido reduciendo en las últimas décadas. El plan de Trump pretende volver a tener fábricas pujantes, pero esto no es posible de un día para otro, ni tan siquiera de un año para otro, ni posiblemente en todo un mandato presidencial (cuatro años). Pero mientras tanto, si acechan peligros inmediatos. Caída de las bolsas a nivel mundial y el posible inicio del incremento de la inflación, que en primer lugar afectaría a las clases trabajadoras americanas a las que pretende favorecer. Donald busca poner en jaque al mundo entero, para decirles aquí estamos nosotros y seguimos siendo los reyes del mundo. Una vez que quede claro, quien manda aquí, en actos de suprema magnanimidad, levantará su pulgar hacia arriba concediéndonos la vida al resto de los mortales. Justo esto es lo que ha ocurrido la semana pasada, de momento, congelación de aranceles por 90 días, porque “su corazón así se lo ha dictado”.

Esa misma semana se jactaba de que ante la unilateral política arancelaria que ha decidido poner en marcha, casi todos los países están llamando a la Casa Blanca pidiendo su clemencia, como si de un emperador moderno se tratase, llegando a comentar en una cena del partido republicano que le resulta gracioso ver como las naciones le piden llegar a acuerdos y le besan el culo para que retire esas tasas. Una más de sus incontables faltas de respeto, que no hacen más que retratar al personaje.

En mi opinión, Trump tiene un plan, con un fondo posiblemente muy bueno para la economía de su país, pero ese plan parece estar caduco, ese plan podría ser aplicable para los Estados Unidos post segunda guerra mundial, pero esa potencia ya no es la que era y su papel en el panorama mundial es relevante, pero no absolutamente dominante. Todos sabemos cuál es la principal locomotora económica del planeta, y él nos lo recordará todos los días de su mandato. Pero que sería de USA sin el resto del planeta o si me permiten el símil futbolístico en semana de Champions League: ¿Qué sería del Madrid sin el Barça (y viceversa)?

Habrá negociaciones y se llegará a acuerdos con todos los países del mundo. Cuanto más sumisos, mejor acuerdo. Cuanto más le besen el culo, mejores resultados. Y como esto no es una cuestión de orgullo, toca ser inteligentes y no orgullosos. Cerrado un buen trato, que cada cual se ría en su casa de lo que considere oportuno.

¿Y con China habrá trato? Con China también. De entrada, no, pero acabará habiendo trato.

Simplemente recordar un dato que ablandará el corazón del magnánimo. China es el segundo tenedor de deuda pública americana, después de Japón. En el supuesto de que iniciase su venta por grandes paquetes, podría tumbar al dólar y provocar una gran crisis en USA, que obviamente afectaría de forma negativa a todo el planeta, chinos incluidos. Nadie quiere esto.

Y si me equivoco en alguna de las predicciones anteriormente indicadas, siempre me queda remitirme a la muy acertada definición de economista de Laurence J. Peter (pedagogo y escritor canadiense, fallecido a finales del siglo XX), y que viene a decir que los economistas son aquellos expertos que mañana sabrán explicar porque las cosas que predijeron ayer no han sucedido hoy.

Mientras, “Mr. President” a lo suyo. Ahora se preocupa de la presión de las duchas en USA, porque a él le cuesta mucho enjabonar su “hermoso cabello” y ha firmado una nueva ley para que salga más agua de las duchas de los estadounidenses. Un país con más de 340 millones de habitantes ya podrá gastar más agua en sus duchas, para que su presidente se pueda enjabonar el pelo. Yo le recomendaría que dejase la laca, así el enjabone sería inmediato y de paso, protegería el medio ambiente.

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