El eclipse y la bicicleta de Einstein

HISTORIAS INCREÍBLES

Publicado: 09 ago 2026 - 03:50
Opinión en La Región
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El Eclipse de 1919 confirmó la Teoría de la Relatividad de Einstein. Aunque ya aquellos elementales medios se hacían eco de cómo había escrito en 1905 un librito sobre la Relatividad Especial y que en 1915 lo había hecho sobre la Relatividad General con una teoría que fue lo más de la época, diremos que las fotos en la prensa eran pocas por el coste del huecograbado y no se conocía mucho el aspecto del personaje.

Albert Einstein mantenía una relación epistolar con un médico ourensano al que conoció en su natal Alemania. Esa confianza dio al Real Casino del Barco, la oportunidad para llamarlo a dar una conferencia. Fue un domingo de 1.952.

Pues aquel físico de cuerpo menguado e inteligencia múltiple, llegó a la villa el día anterior. No era conductor, poca gente lo era, y lo traía un chófer que se detuvo fascinado por aquellas cerezas, ya muy cerca de Puente de Domingo Flórez. A esa altura el famoso, por la indigestión, se convirtió sólo en un ser humano con flatulencias y retortijones.

¿Cómo dar la conferencia mañana? Supuso un verdadero problema cuántico. Imposible suspender la conferencia. La solución:

-Tú me sustituirás. ¿Cómo yo? Pues claro…siempre eres mi chófer y sabes lo que digo en cada conferencia.

-Yo seré usted y usted será yo. Vaya dilema.

Albert Einstein mantenía una relación epistolar con un médico ourensano al que conoció en su natal Alemania. Esa confianza dio al Real Casino del Barco, la oportunidad para llamarlo a dar una conferencia. Fue un domingo de 1.952.

Lo más granado de la villa, entonces no tan populosa y ruidosa como hoy, pero sí tan bella, llenó el local. Tengo entendido que no faltaron ni el Sr. Obispo de Astorga, ni los ingenieros de la zona, muy rica en feldespato, pizarra y wolframio, y claro, lo más granado de las fuerzas vivas, boticarios, maestros, curas, señoras de bien, comandante del puesto, alcaldes de Vilamartín y A Rúa, entonces en plena disputa sobre la primacía de la villa.

El bueno del chófer le echó bemoles. Recibido con música, el cochero habló y habló lo que pudo y como pudo. Para parecer extranjero, de vez en cuando, arrastraba alguna “erre”. Al final de la disertación se hicieron las habituales preguntas al conferenciante. Ante una de ellas, la del obispo de Astorga, el Ilustrísimo Mérida Pérez, sobre la astrología y la vida, el hombre, perplejo, se sintió perdido y ésta fue su salida, señalando a Einstein:

-Eso…que usted me pregunta es tan fácil… que hasta puede contestarlo mi chófer.

Entonces el físico, el auténtico Einstein, con dolor de tripa, y voz socarrona, salió por peteneras y dijo la ya famosa ocurrencia:

-La vida es como andar en bicicleta… La paz mental no se logra estando quietos sino avanzando… Que fue tapado por los aplausos, muchos aplausos.

Mis amigos, me dicen, entre risas, que esto de Einstein en Valdeorras podría ser un bulo. Por si acaso… hemos querido traerlo aquí y aprovechar para recordar esta villa preciosa y acogedora que casi siempre se acuesta apacible sobre el malecón y se levanta plácida, dicharachera y moderna. De todas maneras, ya lo dijo él: “La imaginación es más importante que el conocimiento”.

Los retortijones por aquellas cerezas, aún verdes, de Salas de la Ribera, bien pudieran estar en el origen de su estudio sobre la curvatura de la luz, a causa del campo gravitatorio. Vamos… digo yo.

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