Rafael Dávila Álvarez
¿Por qué la guerra? Disuasión
CRÓNICA PERSONAL
Media España política y social acusa -acusamos- a Pedro Sánchez de hacer electoralismo con un asunto extremadamente grave, la contienda que mantienen desde hace días Estados Unidos e Israel con Irán. Una contienda con repercusiones imposibles de calibrar, pero que en absoluto serán positivas. Nunca se sabe el alcance de las guerras, y ahí está el ejemplo de Ucrania. En este caso se desarrolla en una zona especialmente sensible, donde convergen nuevos países árabes que son hoy centro financiero del mundo e importantísimo proveedor de petróleo, junto a un Irán radicalizado hasta extremos inimaginables, con dirigentes fanatizados que no ponen límite a sus ideas religiosas extremistas. Con un programa nuclear que si no lo han desarrollado suficientemente todavía ha sido gracias a la alianza entre Estados Unidos e Israel.
Pedro Sánchez lleva tiempo acumulando fracasos electorales y también perdiendo prestigio en la UE. Con el “No a la guerra” pretende movilizar a la izquierda abstencionista o que se está inclinando hacia otras opciones electorales. Pero independiente de analizar esta nueva estrategia y ver si es o no oportunista -parece claro que sí- lo que habría que analizar es si tenemos un presidente de Gobierno con un mínimo sentido de responsabilidad. Un presidente de Gobierno que defienda los intereses de los españoles más que los suyos propios; un presidente capaz de anteponer el criterio mayoritariamente aceptado por sus socios de UE, a su ideología. Un Sánchez que esgrime el “No a la guerra” que movilizó masas en España y en el resto del mundo, pero que hoy no se puede plantear como en tiempos de Bush. El entonces presidente americano fue tan irresponsable como lo es hoy Pedro Sánchez, pero en esta ocasión ocupa la escena un país, Irán, que tiene como objetivo la destrucción del Estado de Israel. Jamenei ya habría utilizado una bomba nuclear si la tuviera, y no habría dudado en utilizarla en todos los países occidentales, desde su enemigo público número dos, Estados Unidos -el uno es Israel- a la pacífica Suiza.
Pedro Sánchez, además de no asumir responsabilidades cuando los españoles más necesitan una definición clara sobre lo que pretende su presidente, porque la situación mundial da miedo, no explica cuál es exactamente el grado de implicación de nuestro país en la contienda.
Moncloa desmintió tajantemente la declaración de Trump cuando dijo que España “coopera militarmente”, pero este jueves hemos sabido que el ministerio de Defensa ha enviado su mejor fragata a Chipre para cooperar con un portaaviones francés en la defensa de Chipre, atacada por Irán. Como debe ser, Chipre es miembro de la UE.
Nadie está a favor de una guerra, nadie. Entusiasmarse con un “No a la guerra” es una frivolidad propia de personas que se dejan llevar por dirigentes más o menos carismáticos y que no dedican medio minuto a estudiar las consecuencias de su inmadurez.
Lo grave es que nada menos que un presidente de Gobierno pretenda imponer sus políticas y estrategias a base de frases hechas, slogans y titulares.
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