Enquistarse en las pequeñas penas

COSAS QUE NO CONVIENEN

Publicado: 25 ene 2026 - 06:40
Enquistarse en las pequeñas penas
Enquistarse en las pequeñas penas | @txarka.ilustracion

1 Terminar la pastilla de jabón. Cuando envejece y se deshace lo que una vez creíste indestructible. Las sales de ácidos grasos terminan de disolverse y el bloque se derrama en tus manos como un moribundo. Los últimos días de un jabón son una despedida fatal, un duelo que debe romper el jabón siguiente.

2 Cuando el río se seca. El río vecino deja de ser en los veranos implacables y se oculta donde no lo vemos. El cauce cantarín calla hasta ser un légamo de mosquitos sin voz. Su ausencia y silencio pesan en el corazón hasta las próximas lluvias.

3 El esqueje que no tira. Del árbol que quisimos multiplicar con mente de hombre y corazón de niño, navaja desinfectada y buena tierra. Su fracaso es también parte de la vida, pero se siente como propio cuando estamos descentrados y fuera del tao.

4 La partida del cuco. Su voz anuncia la primavera y nos acompaña en las semanas de la gran crepitación. Hay que preparar la pregunta para que responda con su canto numérico. Dejar de sentirlo es un desconsuelo, que amortiguan los días largos y el aire quieto.

5 El jabato que te cruzas. Son encuentros en dos tiempos: primero, la alegría del semejante salvaje que habita la raya marcial de los hombres. Después, la nostalgia de no vernos nunca más, cuando le dispare el escopetero que viene al monte cargado de plomo y de sí mismo.

6 La vela que se consume. Burbujea en la palmatoria la última cera desparramada por el metal. Se nos va la luz temblante de la llama portátil y queda esa oscuridad solitaria, cósmica, de cuando un aliado nos deja.

7 El té que se amarga. Cada té necesita su temperatura y es, dicen los chinos, delicado como una doncella. Si no sabemos de las edades del agua, la infusión se alarga y suelta sus taninos, todo se vuelve vulgar. El té, como la conversación, como la vida, debe retirarse en su tiempo propio.

8 El gato que no viene a dormir. Algún desorden en nosotros habrá notado o es noche de luna grande que lo llama al afuera. No tener al gato a los pies de la cama es un pequeño desarraigo, enfrentarse al trasmundo sin su presencia protectora.

9 La taza desportillada. Por esa pequeña caries entrará el óxido en el acero que duerme bajo el esmalte y todo acabará antes de que nos demos cuenta. Un fastidio en taza compañera y también una pequeña lección de desapego.

10 La rueda que pincha. Y quiebra repentinamente el estado divino de la brisa en la cara ciclista. Un pinchazo recuerda que tener el control de la vida es una ilusión y que el hechizo rodante puede durar la vida entera si así nos lo proponemos.

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