Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
El récord Guinness que espera en Lugo
HISTORIAS INCREÍBLES
Hay otra manera de saber que este planeta azul es todavía un ser vivo. Puedes venirte a cualesquiera tierras que prefieras de esta provincia vinícola y repleta de cornúpetas cabezas que abrevan en ese rio plateado que nos atraviesa. Si vienes escucharás un estruendo tremendo, un guirigay de bombos, un golpear las azadas por las tardes, las noches o las mañanas. Son los foliones, esos que llenan todo de gritos, silencios, de sonidos ancestrales y alharacas.
Por qué ese ruido tan extraordinario. Pasados estos días de asueto y de jolgorio nos queda guardada en la mente el bum-bum del ritmo. Otros guardarán como resumen de tanta manifestación el escándalo y el griterío.
Aunque sé que sólo somos hombres que gozamos de las cosas y luego las escribimos, déjame decirte como lo haría un notario de cosas extraordinarias, que tantos mazazos sobre los bombos, tantos sonidos, tantos gritos perturbadores surgen para despertar la Naturaleza. Conviene despertarla. Hasta ahora los árboles, y las matas, que, simulan estar dormidas, están agazapadas y guardando en el fondo de su ser, su auténtico tesoro: La savia en sus raíces marrones y blancas.
Desde hace siglos se preguntaban los agricultores qué sería de la humanidad si este año no despertase la naturaleza. ¿Qué sería de todos nosotros? Imagina lo terrible que sería un manzano sin manzanas o un naranjo sin naranjas, el aire sin sus pájaros, las acequias con sed de agua…por eso inventaron el carnaval como un despertador universal. Nos ayuda a levantarla el aguijón de los insectos y el aire más cálido que calienta los ribazos y “preciosea” las plantas.
¡Arriba!, arriba, levántate para que te horademos con las azadas, para que te sembremos las semillas que guardamos desde el pasado año cuando pariste las preciosas habas, las rubicundas fresas o las gordezuelas patatas… cuando alimentaste el ganado con el verdor de la hierba fresca, con el forraje, los pizpiretos helechos o la humilde paja.
Luego esta necesidad de vapulearla porque parece, aún en febrero, fría y agazapada fue acomodándose a la cultura de cada pueblo. Ya en la antigüedad encontramos el carnaval como una liturgia de Baco. Aquel procesionaba de tal manera que aún se conserva en nuestras celebraciones del carnaval moderno. Aquella fiesta primitiva avanzaba con caretas y vestimentas brillantes y con personajes similares. La multitud se lanzaba a la calle rompiendo la moral y de manera brutal manifestaba su placer por el comer, beber y el sexo.
Para controlar aquello surgieron divertidos personajes que hoy han trasmutado en nuestros Peliqueiros (Laza), Boteiros (Viana), Cigarrones (Verín) y en Xinzo Pantallas…
No cabe duda que también nos ha influido la medieval Fiesta de los Locos. De ella conservamos el ataque a los planteamientos tradicionales o la libertad para vituperar públicamente a las autoridades.
El propio nombre de carnaval no es sino una exaltación dionisíaca de la carne y los grelos. El nombre de Entroido, Entrudio, Introido y similares guardan el nombre por el “Introitus”, oración inicial de las liturgias cristianas. No en vano, terminado el carnaval, estaremos a cuarenta días de la celebración que suponía el abandono de las liturgias paganas.
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