Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
El ángulo inverso
domingo, 10 de agosto
Diez de agosto, domingo, 11 de la mañana, desayuno en el Latino. Estoy lleno de melancolía. Allá, el lugar en que nací está abatido por las dianas. Parece como si este trozo de mundo padeciese de incendio de corazón.
Entramos, qué hermosa estaba la plaza, ciento veinticinco años se cumplen estos días. Hay mucha pasión en las gradas. Todo el mundo espera con ansiedad al maestro sevillano. Los críticos dicen es su gran temporada
Encima, la portada del periódico que tengo en las manos sale con una hiriente foto de famélicos heridos en Gaza. Hay que joderse. No sé qué voy a hacer conmigo. Pero, como canta mi colega Sabina, “a veces ocurre que va el demonio y se pone de tu parte”.
Pues, mira tú, entra por la puerta mi amigo Clodomiro, tan popular en la ciudad, dicen que puso sobre ruedas la mayor empresa de la provincia. Es taurino a manos llenas. Se me acerca presuroso, “qué casualidad, Jaime, voy hacia Pontevedra a ver los toros, hoy torea el más grande, Morante de la Puebla. Sucede que el amigo que me iba a acompañar a última hora no puede venir. Pues así que tengo dos entradas de mi peña; venga, vente conmigo”.
En el viaje me cuenta que desde que vio una corrida con diez años en Ribadavia quedó fascinado por el torero; “Créeme, he visto bastante más de mil corridas”, le digo. Allá, a finales de los sesenta, estudié un año en Salamanca, en mi hostal vivía un novillero prometedor, Hilario Taboada, que logró ciertos triunfos, sobre todo en América. Colaboré en “Adelantos”, el periódico de la ciudad, y me dijeron que entrevistase a toreros. Allá en la barra del Gran Hotel vi muchas tardes en una esquina, hierático y majestuoso, al Viti, inmóvil, impávido, torero, como si tuviese un halo atado a la cintura. Le comento, que allí entrevisté al Pipo, el descubridor de El Cordobés.
Se echa a reír Clodomiro: “¿Sabes cómo el Pipo lanzó al Cordobés? Pues alquiló la plaza del Pardo donde residía el general ferrolano. El Pipo hizo correr la voz por todas partes de que asistiría Franco. Imagínate, las entradas se vendieron en un plisplas”.
Entramos, qué hermosa estaba la plaza, ciento veinticinco años se cumplen estos días. Hay mucha pasión en las gradas. Todo el mundo espera con ansiedad al maestro sevillano. Los críticos dicen es su gran temporada. Dicen que viene escapando a golpe de milagro de la parca. Ahí salta al ruedo este hombre de 45 años cubierto de cicatrices, vestido de nazareno y oro. Sale el primer toro. En el primer paso de pecho, maldita sea, el animal lo cornea en el muslo y lo eleva como en un vuelo fantasmal. Pronóstico muy grave. Ay, el clásico dice, “la sabiduría trae muchas penas”. Y Morante es un torero de verdad, en estos tiempos en que no mandan los sabios sino los astutos. Por momentos, un dolor antiguo como el mundo cubrió la plaza. Después, estuvieron bien Talavante, y Daniel Luque, pero no hicieron olvidar la ausencia del grande.
(Al regreso, Clodomiro y yo veníamos en silencio. De pronto mi amigo cuenta una anécdota para animarme: “Cuando Manuel Díaz El Cordobés se separó de Viti Martín Berrocal vino a Pontevedra a presentar un libro. Le pregunté por su ex mujer. Él sonrió: “Es mucha mujer para un solo hombre”. Recordamos al torero de Verín, Emiliano Sobrino. Cuando era niño lo vi en una corrida en la villa salir a hombros, y todos le cantábamos: “Olé, Emiliano, de Verín, y de Nocedo, eres el amo”. Era temerario y muy valiente, pero dicen que no dominaba el arte del toreo. Decidió alquilar la plaza de la Coruña para lanzarse. Las crónicas lo definieron como un torero alternativo).
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