Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Así están las galerías, así está Ourense
Quizás no ha abierto las noticias principales de ningún telediario, ni ha llenado de análisis las páginas de los periódicos, pero del 7 al 9 de febrero de 2025 más de 3.000 personas nos reunimos en el Pabellón “Madrid Arena” para celebrar el Congreso de Vocaciones organizado por la Conferencia Episcopal Española. Las 70 diócesis españolas, más 120 congregaciones religiosas y 54 movimientos y asociaciones de fieles celebraron una gran fiesta de la Iglesia Católica en España. Entre ellas estuvieron 20 personas de la Diócesis de Ourense, acompañadas en todo momento por nuestro Obispo.
Esta experiencia fue el punto de llegada de muchos meses de trabajo y de los últimos cinco años de programación pastoral, y fue el punto de inicio de una pastoral vocacional más intensa, como alma de toda la acción de la Iglesia.
Algunos han llegado a decir que este evento ha sido organizado porque “cada vez hay menos curas y monjas”, pero la realidad que nos rodea no es de falta de curas y monjas, sino de falta de vidas entendidas y vividas como vocación. Lo que está en crisis es la vida entendida como vocación. Es una crisis antropológica que nos lleva al curioso paradigma actual: “personas sin vocación” por la exaltación de una autonomía y libertad mal entendida que lleva a la incapacidad para la renuncia y la responsabilidad.
El reto que asumimos después de este Congreso -que ha sido un evento extraordinario de comunión eclesial– es el de fomentar la cultura vocacional
Pero esta crisis no es tampoco el motivo del Congreso. ¿Cuál es entonces? La certeza de que Dios sigue invitándonos a todos a una existencia plena y dichosa. Todos tenemos vocación. Dios sueña para todos y cada uno un camino de verdadera plenitud. El reto que asumimos después de este Congreso -que ha sido un evento extraordinario de comunión eclesial– es el de fomentar la cultura vocacional, es decir, la vida entendida y vivida como entrega a Dios y a los demás, cada uno en un estado de vida concreto.
En la Iglesia todo es de todos, pero no todos tenemos que hacerlo todo. Por eso podemos decir: ¡feliz seas, Iglesia, por tus laicos, llamados a vivir su fe en medio del mundo!; ¡feliz seas, Iglesia, por tus obispos, sacerdotes y diáconos, llamados a hacer presente la caridad pastoral de Jesucristo!; ¡feliz seas, Iglesia, por los consagrados, llamados a anticipar la vida eterna y proclamar la trascendencia de Dios!
Frente al intento de imposición de una “antropología del estado”, nosotros anunciamos la antropología cristiana de la vocación: eres amado y llamado, tu vida tiene un propósito y un sentido, eres para alguien, no para ti mismo. “¿Para quién soy?” fue precisamente el lema de este Congreso, y hemos aprendido a responder: para Dios y para los demás. La vida es para darla, para entregarla.
España: ¡despierta a la cultura vocacional y a una nueva y apasionante aventura de proclamar la vida como vocación!
¿Y tú?: ¿para quién eres?, ¿para quién vives?, ¿cuál es tu vocación?
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