Sergio Otamendi
CRÓNICA INTERNACIONAL
Marco Rubio, el gestor del dispositivo
Está habiendo muchas quejas de los atletas laureados en Paris con el bronce olímpico, porque sus medallas están perdiendo el brillo con que se les entregó, para convertirse en un trozo de metal oxidado sin ningún tipo de glamour. La verdad es que el diseño de la medalla tiene mucho simbolismo, y dentro de este simbolismo está el hecho de que en el corazón de las medallas hay, incrustado, un trozo de la Torre Eiffel, el principal símbolo de la ciudad. Y esto puede ser parte del problema de oxidación de las medallas de “bronce”. Y lo pongo entre comillas, porque la realidad es que las medallas no son de bronce, sino de latón (95% Cu-5% Zn). Es un latón con mucha cantidad de cobre para tener un color más parecido al que identificamos con el bronce. Y el cobre, en presencia de humedad (y sudor), se oxida. No tenemos más que mirar a la Estatua de la Libertad para ver ese color verdoso típico del óxido de cobre. Si este latón tuviera más zinc, tampoco arreglaríamos el problema, porque los latones con mucho zinc sufren otro fenómeno de corrosión, llamado descincificación, que tampoco ofrece un buen aspecto estético y tiene peor arreglo. Pero volvamos a nuestras medallas de Paris.
¿Tiene arreglo la cosa?, es la pregunta que se harán muchos de los atletas
Cuando Eiffel hizo su torre, utilizó un acero de tipo “pudelado”, típico en las grandes obras civiles hasta principios del siglo XX, donde empezó a utilizarse un acero más moderno que ya se obtiene a partir del horno alto y posterior refinado en un convertidor Bessemer (casi como lo hacemos hoy en día). Pero Eiffel fue fiel a las tradiciones de la época y utilizó un material que conocía bien (ya lo había utilizado otras veces), el acero “pudelado”. Este es un acero que apenas tiene carbono y que es prácticamente un hierro sin alear. Y en determinadas condiciones de oxidación, sobre todo a lo largo de los años, estos hierros se pueden oxidar al más alto nivel formando una pequeñísima capa (patina) de magnetita (Fe3O4) que es muy protectora frente a la oxidación. Los hierros pudelados tienen fama de tener una buena resistencia a la corrosión. Esto no está muy estudiado, pero el color oscuro, casi negro de estos “trozos” de hierro hace pensar que esto pueda ser así (la magnetita es negra). Trozos que han salido de un almacén, de descartes del acero que utilizó Eiffel para construir la torre, almacenado en Paris desde entonces. ¿Y qué tiene que ver esto con la oxidación de las medallas? Los procesos de corrosión son fenómenos electroquímicos, donde hay un cátodo (en este caso el corazón de hierro pudelado), un ánodo que se corroe (el latón) y un electrolito (la humedad, el sudor). Por tanto, si de por sí un latón se oxida, incrustarles un trozo de metal pasivado que hace de cátodo, acelera ese proceso. Es posible que, con el tiempo, todas las medallas de bronce hubieran acabado oxidadas, pero la presencia de ese trozo de torre Eiffel aceleró el proceso.
¿Tiene arreglo la cosa?, es la pregunta que se harán muchos de los atletas. Si piden otra medalla nueva, volverá a oxidarse con el tiempo, por lo que lo mejor sería utilizar cualquiera de los trucos que ofrece internet para limpiar el bronce, y antes de que vuelva a empezar el ciclo, utilizar un buen barniz protector. ¿Podría haberse evitado? Desgraciadamente los diseñadores de medallas no son expertos en ingeniería metalúrgica. Si lo hubieran sido hubieran cuidado un poco mejor la composición del latón (posiblemente con más impurezas de las deseadas) y, sobre todo, si querían meter un corazón de Paris en mitad del latón, hubieran barnizado las medallas para evitar este desastre.
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