Carlos Risco
COSAS QUE NO CONVIENEN
Lo que vamos olvidando en nuestra pequeña distopía
CAMPO DO DESAFÍO
Es posible que Alfonso Rueda sea el presidente de la Xunta que mayor sensibilidad haya mostrado hacia la industria en Galicia. Le falta, nos falta, un acuerdo entre las fuerzas políticas y sociales para establecer las grandes líneas estratégicas de este sector para las próximas décadas. Porque ninguna política, tampoco la industrial, debiera hacerse a golpe de demagogia, movilización y pancarta. A estos efectos conviene recordar que el sector industrial gallego representa casi el 18% de nuestro PIB, un punto más que en el conjunto de España y un impacto en el empleo del 17,4% frente al 13% del conjunto del Estado. Datos básicos para entender que es mucho lo que nos jugamos a las puertas de un tiempo que favorece la relocalización productiva.
La demagogia, la desinformación y el populismo trabajan a fondo para destruir esta industria y, todo ello, sin planes equivalentes de empleo y rentas.
En los últimos meses han aflorado las distintas visiones que, sobre determinados sectores productivos, dividen a la sociedad gallega. La producción de celulosa, la minería o la industria eólica han estado en el centro de estas polémicas. Quizá sea la transformación de la madera de eucalipto para la obtención de celulosa, la que en mayor grado polariza el debate social. David Chipperfield, Pritzker de arquitectura en 2023, ha cuestionado la iniciativa de Altri, en Palas de Rei, por considerarla “contraria al modelo de desarrollo deseable” además de atentatoria al “capital natural” gallego. Chipperfield admira la aparente felicidad y simpleza de la vida en Galicia; una especie de Arcadia, eso sí, de salarios precarios y pensiones de jubilación bajas. ¿Acaso no tendríamos los gallegos, como los ingleses, derecho a una revolución industrial que dignificara las rentas percibidas, absorbiera el infraempleo del sector primario y eludiera, en parte, el práctico monocultivo inmobiliario y turístico?
En Galicia el eucalipto ocupa el 28% de la superficie forestal y aporta más del 60% de la madera que se corta y transforma. Una importante fuente de ingresos para más de 35.000 propietarios forestales gallegos, particulares y comunidades de montes vecinales, no pocas de ellas dirigidas por militantes y dirigentes locales del BNG. Más de 1.800 empresas gallegas trabajan con el eucalipto y dan trabajo a 6.000 empleos directos: un auténtico motor para la economía rural. La demagogia, la desinformación y el populismo trabajan a fondo para destruir esta industria y, todo ello, sin planes equivalentes de empleo y rentas.
El presidente Rueda tiene la oportunidad de superar las disyuntivas existenciales. Es aconsejable mantener la moratoria sobre nuevas plantaciones de eucalipto, así como prohibir su introducción en los bosques autóctonos o dentro de la Red Natura; es posible mejorar la gestión forestal y, con ella, aumentar los precios de la madera para los propietarios del monte. El eucalipto es una oportunidad y una fortaleza para Galicia que merecería menos polémicas y más acuerdos.
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