Carlos Risco
COSAS QUE NO CONVIENEN
Lo que vamos olvidando en nuestra pequeña distopía
SENDA 0011
Hay momentos en la vida de cualquier compañía en los que uno tiene la sensación de que todo es prioritario. El mercado se mueve, la tecnología evoluciona, los competidores anuncian nuevas alianzas, aparecen tendencias que prometen cambiarlo todo y, casi sin darnos cuenta, empezamos a gestionar desde la urgencia permanente. En ese contexto, detenerse a pensar en “lo importante” puede parecer un lujo, cuando en realidad es una responsabilidad. En la dirección de una empresa, especialmente cuando se está en fase de crecimiento o transformación, es fácil caer en la trampa de medir el progreso exclusivamente en términos de resultados inmediatos, cifras trimestrales o impactos visibles. Y, sin embargo, la experiencia demuestra que lo que realmente sostiene a una organización en el tiempo rara vez es aquello que genera más ruido. Son las decisiones que no salen en las notas de prensa, las conversaciones difíciles que se abordan a tiempo, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace cuando nadie está mirando.
El verdadero valor de lo importante está en su permanencia, en aquello que, dentro de unos años, seguirá teniendo sentido porque responde a una visión clara y a una identidad definida
El valor de lo importante tiene que ver con entender que no todo lo que acelera nos hace avanzar, y que no todo lo que brilla construye. A veces lo verdaderamente transformador es invertir en cultura cuando el mercado solo habla de tecnología, es reforzar procesos cuando otros persiguen atajos, es dedicar tiempo a escuchar a un equipo cuando la agenda invita a saltar a la siguiente reunión. En un entorno cada vez más marcado por la inmediatez, donde la inteligencia artificial promete soluciones casi automáticas y donde parece que todo puede optimizarse con un clic, resulta tentador pensar que la gestión empresarial puede reducirse a eficiencia y velocidad. Pero las compañías no son algoritmos; son personas trabajando con personas, generando confianza con personas. Y la confianza no se automatiza, se construye con consistencia, con criterio y con una visión que va más allá del próximo cierre mensual. Cuando hablamos de lo importante, hablamos de propósito. No como una palabra inspiradora que colocar en la web corporativa, sino como un eje real que guía decisiones. Porque el propósito es el que permite decir “no” cuando una oportunidad no encaja, aunque sea rentable a corto plazo. Es el que ayuda a priorizar inversiones que no tendrán retorno inmediato, pero sí impacto estructural. Y es el que da estabilidad cuando el entorno se vuelve incierto y el ruido externo amenaza con desdibujar el rumbo.
He aprendido que liderar no consiste en reaccionar a cada estímulo, sino en proteger aquello que define a la organización. Proteger la cultura, que es mucho más que un conjunto de valores escritos; es la manera en que nos comportamos cuando surgen tensiones. Proteger el talento, entendiendo que las personas no solo buscan proyectos ambiciosos, sino entornos coherentes y respetuosos. Proteger la reputación, que se construye lentamente y puede erosionarse en cuestión de días si se descuida lo esencial. Lo importante también tiene que ver con el largo plazo, una dimensión cada vez más difícil de defender en mercados que premian la inmediatez. Pensar en cinco o diez años obliga a hacer preguntas incómodas: ¿estamos construyendo algo que perdure o solo gestionando el presente? ¿Estamos desarrollando capacidades propias o dependiendo excesivamente de lo externo? ¿Estamos formando líderes dentro de la organización o simplemente ocupando posiciones? En muchas ocasiones, lo importante no es lo más atractivo ni lo más sencillo. Es más fácil lanzar una iniciativa nueva que consolidar un proceso existente. Es más visible anunciar una alianza estratégica que dedicar meses a mejorar la experiencia real del cliente. Es más cómodo crecer rápido que crecer bien. Pero el crecimiento sin cimientos sólidos suele tener fecha de caducidad. Por eso creo que el verdadero valor de lo importante está en su permanencia. En aquello que, dentro de unos años, seguirá teniendo sentido porque responde a una visión clara y a una identidad definida. En las decisiones que, vistas con perspectiva, demuestran coherencia. En la capacidad de mantener el foco cuando todo alrededor invita a dispersarse.
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