Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Te recuerdo Viana
En un mundo globalizado en el que se han multiplicado los actores y los centros de poder, y en el que los medios de comunicación crean la apariencia de mayor comunicación y participación social, el papa ha decidido hablar de la familia como tema central de la Jornada de las Comunicaciones Sociales. ¿Qué lugar ocupa la familia en este mundo compuesto por numerosas constelaciones sociales?
Con la mirada puesta en el Sínodo, se trata de arrojar luz sobre la naturaleza social de la institución familiar y de resaltar su capacidad innata de crear una cultura de encuentro. No se pueden ignorar las distorsiones y patologías que aquejan a la familia, pero tampoco se pueden silenciar las virtudes naturales de acogida mutua, diálogo y comunicación. La familia es una unidad hecha de vínculos generacionales que permiten aprender la lengua materna, reconocerse como miembros de una tradición heredada, acoger la fe de los mayores, aprender la virtud de la solidaridad y reconocer y perdonar errores propios y ajenos.
De este modo la familia, apunta el papa, es una escuela que crea relatos frente a la tendencia de los medios a generar mera información. Claro que para ello la familia debe también ser reconocida como agente de cultura con una función social inevitable.
En efecto, las relaciones familiares, debido al ambiente de seguridad y confianza y a los lazos emocionales y psicológicos que logran desarrollar entre sus miembros, se convierten en un medio natural para que sus integrantes descubran formas para ayudarse y complementarse satisfaciendo muchas de sus necesidades más profundas y complejas, como las emocionales y afectivas. En efecto, cuando los miembros de una familia aprenden a comunicarse identificando el cómo, cuándo, dónde y en qué tono hablarse, de tal forma que logran constituir una relación positiva y sólida, han dado un paso vital para que la familia cumpla con su misión al crear condiciones para que todos los involucrados se sientan queridos, apoyados, tomados en cuenta y con posibilidades reales de ser mejores personas.
Con todo, para aprender a comunicarse en el interior de la familia con efectividad se requiere tener en cuenta las diferencias interpersonales, adecuar las formas de comunicación a las personas, edades y circunstancias, emplear enfoques específicos para comunicarse con los hijos en sus diferentes etapas de desarrollo, principalmente en la edad adolescente, tomar conciencia de los errores y fallos que pueden afectar negativamente el proceso y saber aprovechar la comunicación como medio para trasmitir valores y dar dirección y rumbo a la vida familiar.
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