Fernando Ramos
El favor determinante de tensiones y violencia
Se denomina “factor determinante” al “elemento o factor causal o concluyente de algo”. ¿Cuál es ese factor que parece presente en los diversos sucesos que acontecen estos días en España? En algunos casos está claro, ya sean las reivindicaciones de los profesores o incluso la demanda pacífica de una vivienda digna. Pero ¿cuál es el factor que provoca que una masa de adolescentes (muchos de ellos extranjeros) se organicen para asaltos, destrozos y estragos en el mobiliario urbano, saqueos y todo tipo de fechorías de las que luego presumen en redes sociales como las que acabamos de ver en Barcelona? ¿Cuál es el factor determinante de que una masa organizada, con banderas rojas y palestinas, se organicen para impedir la libre manifestación de un partido con tanto derecho a salir a la calle, como lo es Bildu, aunque se llame Vox, si ambos están protegidos por la misma Constitución, pese a su disparidad?
¿Cuál es el favor determinante de que un ministro del Gobierno, llamado Óscar Puente, augure que de no ganar la opción que, junto a sus variados consocios representa, van a arder las calles? O sea, ¿que no se va a aceptar el resultado electoral? ¿Cuál es el factor determinante para que el presidente de Gobierno diga que el Congreso de los Diputados ya no representa el sentimiento de la calle, si su propia legitimidad salió de esa cámara donde, hasta ahora, que sepamos, residía la soberanía nacional? O sea, que el poder está en la calle y no es los diputados elegidos democráticamente por el conjunto de la población.
Y como el poder está en la calle, los señores delegados del Gobierno, como el de A Coruña y otros, autorizan, al tiempo que se celebra un acto electoral de un partido determinado, que otro conjunto de personas se manifieste en contra, bien pertrechados para enfrentarse al resguardo policial de la paz civil. Cuando los agentes cumplen con su deber son atacados (y les producen heridos, como en A Coruña) y luego, partidos englobados en esa “mayoría social de progreso” critican a los policías y los acusan de ser los causantes de la violencia. Y como el poder está en la calle, por eso el centro de Madrid sigue ocupando intermitentemente con horario. Las tiendas permanecen, pero sus ocupantes, en numerosos casos, como detecta la Policía local, pernoctan en casa y regresan frescos a la plaza. Y mientras, tiendas y locales del entorno –que siguen pagando impuestos— ven el camino de la quiebra por inactividad de sus negocios.
Y mientras, la que fuera, según el presidente del Gobierno y candidato del PSOE a repetir, una invasión, se consolida en la ciudad de Ceuta, donde ni se sabe cuántos extranjeros siguen deambulando por sus calles, aparte de los 7.000 acogidos en improvisados campamentos, la delincuencia se ha incrementado en un 60%, y en las tertulias de afines al sanchismo ya se predica que hay que ir pensando en distribuir a los menores acogidos allí por el resto de España como salida inevitable.
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