Isaac Pedrouzo
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Se atribuye al general De Gaulle la idea de que en política se pude hacer todo menos el ridículo. Desde esa reflexión y a propósito de unas declaraciones de la ministra de Igualdad embarrando el lenguaje con propuestas que alteran el género gramatical de las palabras podríamos concluir que la señora Irene Montero asume el ridículo porque sus estrafalarias propuestas -"todas, todos y todes"- obedecen a una estrategia muy calculada. Una estrategia que persigue imponer el llamado lenguaje inclusivo, creación política que va más allá de la alteración del significado de las palabras.
Sólo con reírnos de algunas de las bobadas que dice la ministra no enfrentamos el problema de fondo que como digo late en el lenguaje inclusivo. Cuando Montero, cuyo Ministerio de Igualdad dispone de un copiosa dotación presupuestaria, sale a la palestra hablando de la manera que habla a sabiendas de que hace el ridículo -"portavoces y portavozas" está abriendo un camino hacia un cambio cuyo objetivo va más allá de la deconstrucción del lenguaje que en definitiva es un pacto que preserva el significado de las palabras. Pacto considerado como una imposición; una más de las clases dominantes. Ignoro si Montero ha leído a Antonio Gramsci, pero quien sí habló en alguna ocasión de arrebatar la hegemonía cultural a la burguesía ha sido Pablo Iglesias, mentor y promotor político de la ministra. El lenguaje como imposición de la clase social de la que el teórico comunista italiano abominaba y pretendía sustituir.
En la Europa que padeció los efectos trágicos del estalinismo, el comunismo tradicional está desacreditado. En España la peculiar situación creada durante la dictadura franquista contra la que combatió el PCE ha dejado un rescoldo de aceptación de una idea para la que en el resto de Europa el juicio de la Historia es inapelable. Iglesias lo sabe y Montero recita lo que oye. La batalla que están dando por el lenguaje inclusivo no es inocente. Pese a que suena ridícula persigue un objetivo. El mismo que les lleva a hablar de "heteropatriarcado" cambiando el viejo lenguaje de la lucha de clases. Nos podemos reír de Montero y de las cosas que dice, pero ella sabe por qué las dice y lo que pretende conseguir emborronando el lenguaje.
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