Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Jácome en el columpio
Malos tiempos para una sociedad que necesita esperanza. No es fácil interpretar y digerir, sin una alta dosis de estupor y hastío, lo que está ocurriendo en esta España atormentada y decadente; envuelta, día sí y día también, en la espiral del más absoluto descrédito político. Una guinda en lo decadente: cómo se puede admitir la inacción e indolencia política de un gobierno en asuntos de tan vital importancia para la convivencia como es que, entre otros, un presidente de una comunidad autónoma utilice el poder político que le proporciona su estatus para ir en contra del propio estado del que él es representante legal. Debilidad, camino frustrante, inconstitucionalidad flagrante, injustificable y en mayúsculas: el disparate se adueña de la decisión política.
Peligrosa ésta y otras derivas. La sociedad actual está recibiendo desde el gobierno el mensaje de que, sin la necesaria firmeza, coherencia y ejemplaridad, se puede gobernar un país a través de la contradicción, la mentira, el buenismo, el engaño y las soflamas. Los ciudadanos estamos abducidos por este auténtico laberinto perpetrado en las actitudes indignas de algunos profesionales de la política que lo único que les interesa, para seguir disfrutando de sus consabidos privilegios en un contexto de absoluta permisividad y falta de visión de Estado, es redefinir aquel loable y primigenio objetivo, y lo están consiguiendo, de que trabajar en política es “hacer posible lo necesario”, al más actual, errático y perverso de que: ejercer la política es “hacer necesario, aunque sea por el camino de la usura, del delito y la desobediencia, lo posible”.
El Gobierno actual conquistó el poder –en un contexto de falta de compromiso, fortaleza y liderazgo– como consecuencia de una moción de censura. La Constitución ampara ésta posibilidad. Lo que ocurre es que los medios utilizados para llegar a este punto no fueron ni el debate político –tan errático y a la vez necesario en estos tiempos -, ni un nuevo proyecto para España sino las consabidas cesiones económicas, políticas y sociales a los intereses de los partidos –algunos beligerantes con la unidad de España- que contribuyeron y contribuyen, con su apoyo, a consolidar esta situación política en un contexto de extrema debilidad para el ejecutivo. El asunto relevante es que, la falta de compromiso, conocimiento, ética, rigor, honestidad, lealtad, diálogo y vigencia constitucional, conceptos fundamentales que debieran formar parte del vocabulario cotidiano en el ejercicio de la política, está propiciando un derrumbe, por colapso, de los bienes más preciados en democracia: la convivencia, la libertad, el respeto por la soberania nacional y la consolidacion de un estado de derecho.
La oposición constitucionalista, en estos momentos tan complejos y difíciles, además de ejercer su obligado control de fiscalización pura y dura en todos los ámbitos de la vida pública y ser, además, alternativa política, debe de incorporarse, unida, a un proyecto común: fortalecer España. A alguno o algunos, mediante procederes ocurrentes y espurios, les puede tentar el ejercer de redentores de causas imposibles y consecuencias imprevisibles, pero el Estado de Derecho debe de prevalecer, es el único camino y el objetivo.
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