Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
Estimada señorita:
Como es costumbre entre nosotros, responderé por aquí a sus comentarios y preguntas.
Así las cosas, le diré que en primer lugar estoy totalmente de acuerdo con lo que ha expresado en torno a la figura de Donald Trump. Y es que parece que el renovado presidente de los EE.UU se ha convertido en el eje sobre el que gira todo lo excepcional (incluso lo performativo) en su forma de entender la democracia liberal dentro y fuera de su país. No solo por el encanallamiento y beligerancia de su carácter con el que se enfrenta a quienes se oponen al contexto político y económico al que aspira, sino por ese agregado hiperactivo y fortuito de su estilo que a mí me recuerda a los peores guiones de las películas de Tarantino o de Guy Ritchie. Es como un personaje que deseara al mismo tiempo protagonizar el orden y el desorden. Un zarandeo sin fin que opta por las salidas extremas sin posibilidad de crear experiencia más allá del shock.
Lo que a mí más me apena en esta acumulación erosiva de la democracia liberal, es su particular proyecto de apartheid para los palestinos.
El último ejemplo es lo de Gaza. Y por el camino, el desmantelamiento de agencias federales de su Administración sin garantías de ley, lo de Guantànamo, la creación del DOGE a cargo de Musk dinamitando la privacidad de datos, el enfrentamiento con el Tribunal de La Haya, la intimidación a jueces o a los que defienden derechos civiles adquiridos, la avaricia expansionista etc, etc, etc.
Pero sin duda, lo que a mí más me apena en esta acumulación erosiva de la democracia liberal, es su particular proyecto de apartheid para los palestinos. Ahora presuntamente convertidos en el excedente de un futuro oligopolio turístico e inmobiliario. El sarcasmo es insoportable. Y la indignidad también.
Modestamente, creo que los que han votado por el lema “Make America Great Again”, esas clases medias que a fuerza de perder influencia y estatus debido al crecimiento de la desigualdad se han dejado conducir irreflexivamente por las ansias de revancha y la ira, también serán abandonadas en su momento por las élites que han elegido. Lo lamento pero no es mi caso. Mis sesgos culturales, políticos, son otros. Yo soy un privilegiado, un europeo (por algo creo que Miguel de Cervantes es es el mayor escritor de todos los tiempos) y como tal, espero formar parte de la resistencia a este modelo de democracia excepcionada y delirante.
En segundo lugar, es decir, acerca de las noticias sobre nuestro común amigo, el gerente del Hotel Luna, seré más breve. Entré en su despacho y parecía desierto. Sin embargo, sobre la mesa hallé una coplilla dedicada a usted, aunque no es oportuno publicarla ahora. Sospecho que se ha enamorado. Mejor se la envío por privado.
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