Carlos Risco
COSAS QUE CONVIENEN
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LA OPINIÓN
La 9 de agosto de 1942. Un grupo de prisioneros soviéticos se enfrentan a sus captores nazis en el que es conocido como el “Partido de la muerte”. Si ganan, les espera el paredón. John Huston lo cuenta a su manera. En la primera parte, Bobby Moore consigue maquillar el resultado y los presos pierden 4-1. En la segunda, un gol de Osvaldo Ardiles enardece los ánimos de los reclusos; Kazimierz Deyna pone el tercero en un rechace y, en el minuto 90, “O Rei” Pelé ejecuta una chilena antológica que empata el partido. En el último suspiro, el árbitro decreta un penalti para restituir el orgullo alemán, pero Sylvester Stallone lo detiene, enloqueciendo a la grada. Las masas invaden el campo y las verjas ceden ante el empuje de un pueblo vituperado que clama libertad.
Hoy, dejando atrás el horror de aquella guerra que dividió al mundo y con las cárceles convertidas en auténticas instituciones de reinserción social, el deporte sigue mostrando, orgulloso, su poder de cambiarlo todo. Y aunque ya no haya que escoger entre “Evasión o victoria”, el poder liberador del fútbol alimenta, más que nunca, los sueños de quienes garabatean las paredes, contando los días que restan para cumplir la condena.
El Torneo Intercentros Penitenciarios nació en 2012 con un solo propósito: construir un equipo en un lugar en el que nadie quiere estar. Un torneo que habla de igualdad, de segundas oportunidades y de inclusión, en el que hombres y mujeres de toda España arriman el hombro para proclamarse campeones nacionales.
Hoy, primer domingo de marzo, se celebra el Día del Preso, en el que se solicita el mandato bíblico de “acordarse de los presos como si nosotros estuviéramos presos con ellos”
Y como si el espíritu de Cholo, el chófer de trolebús y capitán del Pontevedra del ‘Hai que roelo’, invadiese a los presos de su ciudad, la cárcel de A Lama se ha convertido en el rival a batir. Campeonaron en 2016, repitieron en 2023 y hace unos meses se plantaron de nuevo en la final.
Pero un invitado incómodo se coló en su fiesta. El pasado 24 de octubre de 2024, germen de la infame DANA, ocurría otro movimiento de tierras de opuesta dirección al sur de Valencia. A Carlos Ferrero le ofrecían llevar al equipo de la cárcel de Villena, en Alicante. La Comunidad Valenciana jamás había conquistado el trofeo y el desafío era ingente. Las herramientas: un campo de tierra y unos conos, petos y balones de la federación. El rústico estilo modesto, el fútbol de verdad. Un centenar de presos pasaron por la actividad. Entre todos ellos, Carlos configuró un equipo competitivo dispuesto a todo. Quizás no era el mejor, pero sí el más hambriento, el que tenía más ganas.
En la primera fase, en Novelda, no encajaron un solo gol. En la segunda, en Sevilla, eliminaron a Algeciras, la vigente campeona. Y en la final, en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas con Luis de la Fuente, Nico Williams, David Raya y Yeremy Pino como ojeadores de lujo, vencieron a los gallegos con un rotundo y sonoro 4-1.
Hoy, primer domingo de marzo, se celebra el Día del Preso, en el que se solicita el mandato bíblico de “acordarse de los presos como si nosotros estuviéramos presos con ellos”. Los 40.000 presos que se benefician de esta iniciativa consiguen ser tan libres como cuando Djalminha hacía una lambretta, Zidane dibujaba una ruleta o Ronaldinho un sombrero. Las palabras de Massiel, vencedora en 2023 con A Lama, lo atestiguan: “es la experiencia más hermosa de mi vida”.
@jesusprietodeportes
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