Golpe de estado radiofónico

Publicado: 04 sep 2026 - 02:50
Opinión en La Región
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Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos principal rey y señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, non”. El juramento de los reyes de Aragón era un solemne pacto que encierra, además de belleza, una lección incomparable de respeto, autoridad y servicio. Su lectura nos lleva a profundizar en el significado y razón de ser de una institución respetuosa ante el Justicia y de doble sentido, de arriba abajo y al contrario, que mantuvo la unidad bajo ese insobornable lema: “Y si no, non”.

Entender esto es clave no solo para asumir la monarquía, sino para entender el servicio a la nación como forma de mejor y desinteresado gobierno. Este compromiso, al que se han añadido bibliotecas de anexos, nos lleva hasta nuestros días, donde la claridad de la palabra queda oculta tras oscuros políticos que no asumen que al que piden juramento es el símbolo que a todos une: “Somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos”. Jamás enfrentados. No creo que haya una vinculación tan estrecha y con tanta solidez democrática. Siempre que responda a esa esencia fundamental.

De ahí que el rey sea la unidad y permanencia, represente a todos los españoles y, por tanto, a la nación, no a un partido o a un trozo de ella.

El presidente del Gobierno, que debería serlo de todos los españoles, no lo es más que de su partido y de otros que le animan a no serlo más que de su ideología de ruptura. España está viviendo momentos muy graves, en los que la soberanía y la integridad territorial están en peligro. Es decir, peligra todo: Nación, Estado, Ley.

En estas estamos cuando el presidente del Gobierno, antes de dar la cara ante los representantes de la soberanía nacional, se va a la radio amiga y oficialista a dar un mitin. ¿Con qué nos encontramos? No era una entrevista, metáfora, era un golpe de Estado en ese sentido profundo que el entrevistado no alcanza aunque lea a Gabriel Naudé: “Rayo que fulmina antes de que el estruendo del trueno se escuche entre las nubes”.

Ha sido en la radio amiga, oficialista. Pero fue un golpe de Estado radiofónico. Su parte de guerra es muy breve:

-Yo (soy más que), el rey.

-No hay alternativa a mi ego.

Estamos al límite. Se nos va de las manos una nación ejemplar, de ciudadanos nobles y trabajadores que ha caído en las garras de una banda que espera no llegar tarde porque está ante las puertas que abre la Justicia. Quieren acabar con ella antes. Ni puertas ni juramentos. Ni poderes. Hay que derribar el edificio y con él enterrar todo lo que haya dentro.

Los iguales era un sueño que se rellenaba con palabras como progresismo, sostenibilidad y, este verano, la mareta, que es rumor de muchedumbre que empieza a agitarse, nos trae el anuncio del peligro que se cierne sobre nosotros. De nuevo resuena ese lugar lleno de malos presagios: La Mareta.

En mi optimismo, quizá inocencia, espero que lo que me dice el oráculo de Delfos no vaya más allá: “Parturiunt montes, nascetur ridiculus mus” (“Parieron los montes y nació un ridículo ratón”).

Ante esta grave situación, no hay más que una respuesta: “Y si no, non”.

Enseñémosles el camino.

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