Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
MUJERES
Hay un dicho que refleja el daño que se puede hacer con toda la mejor voluntad: el infierno está empedrado de buenas intenciones. Pues eso es lo que pasó en la isla de Borneo. Y también es lo que pasa con la química, tanta que pulula por doquier, siempre que no se sepa, o sí, las consecuencias que puede acarrear al utilizarla al albur como remedio de unos males que generan otros peores. Otro dicho nos advierte de que es peor el remedio que la enfermedad. Pues eso. En este país somos más que ricos en frases y sentencias que resumen los efectos de los actos, buenos o malos, que influyen en la vida individual y colectiva de la sociedad. Hablamos de la famosa operación “Cat Drop”.
Resulta que los insecticidas, que según la noticia que recorrió el mundo, recomendados por parte de la OMS, repercutieron en perjuicios que se encadenaron, obligando a buscar remedios contundentes. Y es que no siempre son acertados los mensajes y las normas. Y como queda escrito, esto es lo que sucedió en la isla de Borneo, en la que se rociaron los sembrados con un insecticida compuesto sabe Dios de qué, que menos a los humanos, dio muerte a todo bicho viviente, y nunca mejor dicho. Todo lo que respiraba se despidió de la vida, incluidos mis queridos amigos, los gatos.
La desaparición de estos animalillos benéficos, las ratas se hicieron dueñas de todo lo que se movía y ¡cómo no! empezaron a hacer acto de presencia enfermedades tan graves como la peste selvática, y por supuesto el tifus. Este caso tuvo lugar en la década de 1960, en la que los habitantes tuvieron que padecer las fatales consecuencias. ¿Cuál podía ser la solución al problema? De entre todas las elucubraciones y teorías que se barajaron, sólo una era la más efectiva y la más sencilla. Esa, esa precisamente, que todos ustedes piensan, queridos lectores. Había que salvar a la isla, y de pronto empezaron a caer gatos del cielo en paracaídas, con los que la OMS trató de aumentar la población felina, que a la postre, después de tantas vicisitudes, fue la verdadera salvadora. Heroína, diría yo, porque ahí debió de establecerse una lucha en la que no dudo que se registraran bajas gatunas. No es fácil retar a las ratas, y más, si forman legión. Ni la mayoría de los humanos se atreven a hacerles frente. Y ¿acaso no es así? Digamos que, “a grandes males, grandes remedios”.
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