Chito Rivas
PINGAS DE ORBALLO
Da ingua á ponte das cepas
Los flujos migratorios, entendidos como desplazamiento de personas de su lugar de residencia habitual a otro destino para establecerse, son tan antiguos como la humanidad. Históricamente la primera migración recogida es “La Hégira”, la de Mahoma, desde La Meca a la ciudad de Medina, en el año 622; se justificó en que los caciques no aceptaban sus enseñanzas a los árabes, con lo cual Mahoma envió por delante a sus seguidores y ya, en Medina, fueron bien recibidos; aunque por la situación de crisis, Mahoma y su grupo de ciudadanos de Medina acordaron un pacto… y se organizó una “umma”, o sea, una comunidad integrada por musulmanes. Sí, existen migraciones y ¡migraciones! Tratar de comparar, incluso justificar, como hablan y escriben en tertulias y artículos, respectivamente, en estos últimos días, lo que está ocurriendo en Ceuta, con respecto a la migración de nuestros familiares y gallegos en general, no sólo es una torpeza, sino un insulto a la inteligencia, hacer tal comparación.
Y es que oímos y leemos, muy asiduamente, que los gallegos no deberíamos hablar ni pensar mal, ni protestar ante la inmigración
Y es que oímos y leemos, muy asiduamente, que los gallegos no deberíamos hablar ni pensar mal, ni protestar ante la inmigración, como la desgraciada actualidad en Ceuta. Efectivamente, fuimos, por antonomasia, un pueblo emigrante, y hoy somos agradecidos y hospitalarios; baste ver a nuestro alrededor o visitar ayuntamientos para comprobar las buenas relaciones de vecindad y convivencia con los inmigrantes que se quedaron entre nosotros. ¿Cómo no nos vamos a recordar, y con gratitud, de nuestra emigración, si el que no tuvo emigrado a un padre, madre, hermano o abuelo, sabe del vecino de enfrente o del de al lado? Mucho tenemos que agradecer a le emigración, yo el primero. Pero hay migraciones, y ¡migraciones! Y si se puede hablar de una emigración ejemplar fue y es la de los gallegos.
Porque una cosa es comparar -las comparaciones siempre son odiosas-, aprovechando que se le da el mismo nombre y otra diferente es la realidad. Viene a cuento lo que expreso al leer un artículo de una política, Diputada en el Parlamento Gallego por el PSdeG, que bajo el título “Ceuta e Galicia: memoria da emigración”, escribe textualmente: “Quizás deberíamos mirar esas imaxes desde outro lugar. Desde Galicia. Porque, antes de ser unha terra de acollida, Galicia foi durante décadas una terra de partida… A emigración forma parte da nosa memoria familiar”. Estando totalmente de acuerdo que, emigración y memoria familiar en una simbiosis constante en la mayoría de las familias gallegas, toda analogía, como ya expone en el titular “Ceuta e Galicia: memoria da emigración”, nada tiene que ver de similitud, y me parece -es mi parecer- que, comparar la realidad de la emigración gallega, con lo acontecido y lo que está sucediendo en Ceuta, es poner en el mismo punto de mira: emigración -la gallega-, con la invasión -lo ocurrido en Ceuta-, y que el mismo Sánchez Pérez-Castejón describió de “violación de la integridad territorial de España”. Creo, por ser suave y benigno, que comparar o solo nombrar Galicia con Ceuta para hablar de emigración, no es dejar en buen lugar la emigración de los gallegos, que jamás, entre otras consideraciones, violaron nada. Y la emigración de los gallegos perseguía, mayoritariamente, el regreso a sus orígenes. Incluso podemos afirmar de modélica, por la buena acogida que tuvieron siempre los gallegos allá a donde emigraron.
Tan redundante, como insoportable comparación, el paso por la fuerza desde cualquier frontera y, ya no digamos, la avalancha y sus consecuencias, desde Marruecos a España, tal como sucedió el 30 de julio en Ceuta, que originó una crisis migratoria -por no llamarle invasión- sin parangón, con el resultado que todos sabemos de hacinamiento y correspondiente crisis sanitaria, desórdenes públicos y muertes, con la emigración gallega, es puro dislate. En cualquier caso, nadie puede dudar, que todos, independiente de la edad, raza sexo, buscan mejor bienestar, sustento y unas expectativas que no poseen o ven inalcanzable en sus lugares de origen. Los gallegos, claro que sí, lo sabemos mejor que nadie, sobre todo desde finales del siglo XIX, posguerra y hasta mediados del siglo XX, debido a la pobreza del rural y atraso del campo, falta de empleo…, que han llevado consigo motivaciones económicas, emigraron masivamente, buscando un futuro mejor. Pero no, no es asimilable, nada tiene que ver, con la migración que acapara la desgraciada actualidad.
Hay migraciones, y ¡migraciones!
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