El hombre que bebe agua del mar

HISTORIAS INCREÍBLES

Publicado: 27 sep 2026 - 02:10
El hombre que bebe agua del mar
El hombre que bebe agua del mar | Plácido Blanco

Era fácil caminar mientras pensaba. Todos buscamos la felicidad. A lo peor… no existe y por si acaso nos vamos acomodando a algunas cosas que imaginamos remedan lo que suponemos es el bienestar y la prosperidad.

Era un joven y con eso bastaba. Vio cómo la luz, ese cristal derretido, se estiraba sobre el universo esta mañana. Porque, a aquella hora temprana todo se despertaba. Vio un sol amarillo y redondo que se estaba poniendo espléndido en la parte alta de la montaña. Escuchó esa banda de pájaros azules atravesar el aire y les vio rasgarlo como una espada.

Un pequeño regato bajaba rápido y se paró un instante para escuchar cómo cantaba una melodía que le pareció una nana. Ahora percibió unas pisadas.

Por la senda de la izquierda caminaba otro hombre. Salía, con su lento caminar, de la sombra verde, fresca y densa que producen las hojas enormes y anchas de las moreras que cubren aquella parte de la vaguada. Tenía en su semblante aquello que le pareció un halo y sólo era la luz que destruye la ignorancia.

-¿Por qué nada me sacia? Dímelo tú si todo lo sabes.

Todo te lo perdonarán en este universo donde el fingimiento produce la verdad más falsa. El oído tampoco se cansa de oír y aunque nos produce un placer inmenso… jamás nos sacia nada.

-Con voracidad pretendemos saberlo todo. Nos informamos constantemente y deglutimos verdades y mentiras sin ningún esfuerzo. El mundo de la comunicación es el mayor de los negocios. El ojo es incansable para ver: sin medida buscamos imágenes en el mundo diario que nos rodea y en ese otro mundo informático en el que con gran rapidez se refleja la verdad y la mentira. El ojo no se cansa de ver. Nada nos puede satisfacer.

Insistió el joven y el hombre le miró dulcemente como sólo saben hacer los anacoretas.

-También nuestro oído está presto para escuchar. Tú ya sabes que nada hay nuevo bajo el sol, pero, aun así, desesperadamente estás atento a los dimes y diretes y si hace falta colaboras inventándote falacias, enredos, embustes y patrañas. Todo te lo perdonarán en este universo donde el fingimiento produce la verdad más falsa. El oído tampoco se cansa de oír y aunque nos produce un placer inmenso… jamás nos sacia nada.

-¿Cómo alcanzaré la felicidad? Le preguntó mientras caminaban.

-Buscar la felicidad en este mundo es un trabajo ilusorio. Es un trabajo inútil y quimérico. Nos mantiene entretenidos durante un tiempo. Pero es una pena porque sólo tenemos ese instante que se nos entrega de balde y se nos escapa entre los dedos. A mayor entrega a los otros, el hombre va construyendo su eterna morada. Tampoco olvides gozar de las pequeñas cosas diarias. Esa será la fórmula mágica que nos logra la conquista de esa felicidad siempre anhelada.

Pero el joven para quien todos los placeres se le mostraban accesibles y fáciles no se resignaba y juró, en secreto, beber y gozar de todos los placeres que la vida le procuraba. Entonces, una vez leído su pensamiento, le dijo el hombre de luenga barba:

-Para quienes se preguntan sobre los placeres que se pueden gozar en este mundo… memoriza este hermoso Ágrapha: “El que busca el mundo es semejante al hombre que bebe el agua del mar; cuanto más bebe, tanto más crece su sed, hasta que el agua del mar le destruye su vida y su alma”.

Y el hombre de voz pausada y túnica sagrada, se perdió entre la niebla blanquecina de la madrugada.

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