Carlos Risco
LA CIUDAD QUE TODAVÍA ESTÁ
La casita de la palmera en la avenida de Buenos Aires
CARTAS AL DIRECTOR
Parece que, con el paso del tiempo, el sentido común ha mutado hacia posiciones menos filantrópicas y más egoístas. Por desgracia, en nuestro país esta deriva se confirma con la crudeza de los hechos; es especialmente sangrante cuando la factura de estas imprudencias temerarias se paga con vidas humanas.
José Ortega y Gasset ya advirtió en “La rebelión de las masas” cómo este perfil de individuo se volvía más egocéntrico al integrarse en la vida urbana. El “hombre-masa”, lejos de buscar la excelencia, se siente con el derecho de equipararse a cualquier autoridad, exigiendo su espacio de facto sin aportar más que su propia complacencia.
Mi sensación es que esas cúpulas de poder que hoy nos dirigen han sido colonizadas por este tipo de hombre: aquel que no se exige nada pero lo reclama todo. Mientras tanto, las minorías más lúcidas y necesarias -aquellas que actúan por deber y no por inercia- han quedado postergadas. Urge que invoquemos, de una vez por todas, el retorno del sentido común.
Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte (Albacete)
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