Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
COSAS QUE CONVIENEN
1 Agradecer a la ninfa. Es ella quien guarda en su oscuridad geotérmica el agua de lluvia transmutada en calor mineral capaz de sanar pieles, vísceras y pensamientos. La ninfa habita en las aguas mágicas y se le debe pedir permiso con gratitud.
2 Acudir de noche. Bañarse en esta falla volcánica no puede ser algo ejecutivo ni ocioso, sino un acontecimiento. Hay que venir cuando el sol se oculta y las aguas se cargan de toda su fuerza. Es en la noche cuando lo sagrado es más sagrado aún.
3 Recibir al fuego. Debemos vaciar el espíritu de gilipolleces antes de entrar en el agua y empezar a ser agua. Están mal vistas las quejas y las respiraciones afectadas. Nos entregamos al calor con decisión.
4 Recordar al romano. Y secuenciar las abluciones en la gradación térmica de caldarium-tepidarium-frigidarium, yendo del agua virgen y escaldante a la templada. Así nuestra sustancia mortal se aplaca y recoloca con el mejor calor posible: el de la panza caliente de este planeta vivo y caliente..
5 Sentir la lluvia. Cuanto más desapacible está afuera mejor se estará dentro de la terma. Abrazaremos la intemperie otoñal como haría un centurión, soltando vapor por los hombros.
6 Perdonar al alcalde. Y a los obtusos incapaces de comprender la maravilla de las aguas mágicas. El torpe también tiene buenas intenciones, aunque la vida le quede grande. Quizá, después de estos hombres pequeños, la sociedad madure y disfrutemos del milagro termal como los avanzados pueblos del pasado.
7 Insistir en el frío. Realizar la ablución en el agua más fría, a ser posible en el río que baja helado de la sierra. No convienen los golpes fuertes, más bien un sumergirse firme hasta la nuca, para bajar grados a este envoltorio de carne que nos sirve como humanos.
8 Sentir las espaditas. Cuando la piel enfriada vuelve a remojarse y la sangre recorre el cuerpo para equilibrar el desfase térmico de nuestra sustancia mortal. Esas espadas en la espalda son la verdadera magia. La parte física que podemos reconocer mientras la vida del subsuelo penetra en nosotros para ser nosotros.
9 Guardar silencio. El agua termal no es un divertimento de parque acuático. Es un milagro que viene del centro de la tierra para hacer mejores nuestras vidas pequeñas. En la terma, no se debe hablar y, si hay algo que decir, debe ser siempre en voz baja.
10 Magnificar lo cotidiano. Tampoco podemos caer en el fingimiento de lo sobrenatural y comportarnos como imbéciles de culo apretado. Hay que naturalizar el milagro, saludar al vecino y entregarse a la magia con descreimiento, porque así también actúa lo sagrado, a través de lo banal y anecdótico.
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