El horror que hemos normalizado en pueblos y aldeas

COSAS QUE NO CONVIENEN

Publicado: 16 nov 2025 - 06:10
El horror que hemos normalizado en pueblos y aldeas
El horror que hemos normalizado en pueblos y aldeas | @txarka.ilustracion

1 Alumbrado de histéricos. La luz municipal altera nuestros ritmos circadianos y los de las demás criaturas de la noche. Las luminarias analógicas de antes, que emitían una luz cálida, tolerable, como el resplandor del fuego se han cambiado por estos leds fríos de hoy que son una tortura. Esta luz artificial no es progreso ni seguridad, sino profanación del espacio nocturno. Tenemos derecho a la oscuridad.

2 Asfaltar los caminos. Convertir un sendero tradicional en lugar de paso de coches no tiene nada de avanzado. Asfaltar los viejos caminos es un asesinato del pasado y certifica la estrechez de miras de quienes deciden ejecutarlos.

3 Cementar los viejos muros. Nadie como el paisano protegido por sus gobernantes paisanos para destruir desorganizadamente todo un patrimonio material. Cualquiera puede derrumbar una linde centenaria de piedra seca, repasarla de mortero o clavarle una alambrada. Que lleguen pronto los extranjeros que las protegerán.

4 Remodelar las fuentes. Los nacientes, pilones y lavaderos son lugares sagrados donde se ha hecho comunidad y ha sido posible la vida. Destrozar viejas fuentes de piedra, alterar sus caños con materiales modernos o pavimentar su entorno es un crimen y debería ser penado severamente.

5 Permitir el chalé. La cultura de la casa estilo libre, descontextualizada de la arquitectura tradicional, casi siempre de mal gusto y, con materiales ultraprocesados es una profanación del pasado. Permitir estos mamotretos es insistir en la cultura de la estupidización, erosionar el tejido social y fomentar el cochismo.

6 Aceras urbanizantes. Un pueblo no es una ciudad. Una aldea no es una ciudad. Enfear su entorno con horripilantes aceras significa secuestrar los lugares orgánicos del pasado y mancillar la memoria colectiva. Además, no se hacen pensando en quien camina, sino en el energúmeno del coche.

7 Edificios rurales. El paisano que ha visto la ciudad se la quiere llevar al pueblo, con sus horrorosos edificios de ascensor, voladizo y planchada que rompen la armonía e historia constructiva. Estos esperpentos deben ser demolidos y los arquitectos municipales que los permiten, apartados de todo cargo decisorio.

8 La tala ignorante. Las pistas y carreteras de cualquier concejo se rapan brutalmente por operarios sin formación que mutilan los árboles dejándoles heridas por donde entrarán el hongo y la infección. Talar la frondosidad es propio de corazones vacíos y de mentes incapaces.

9 Alterar el silencio. Hay que acabar con esa costumbre gañana de tirar petardos en las fiestas y regular el uso de las desbrozadoras a motor en domingo. Nada es urgente. La santa paz del campo debe ser restaurada.

10 Consentir la ruina. Hemos normalizado la decadencia, la casa vacía comida por las zarzas y a punto de desplomarse. Deberíamos fundir a impuestos a todo aquel que deja caer la casa antigua y ayudar enérgicamente al que la rehabilite respetando su alma.

Contenido patrocinado

stats