Jaime Rodríguez Arana
Sobre la razón de Estado
COSAS QUE NO CONVIENEN
1 Los trenes de casino. Que las empresas públicas de transporte se hayan visto infectadas por esa gente del marketing con sus ofertas y promociones es una desgracia descomunal. Regresemos al precio fijo y pagable. Los servicios públicos tienen que ser deficitarios en lo económico y rentables en lo social. Cullóns.
2 Atragantar al río. Cortar las venas de la tierra con presas e infraestructuras humanas es un crimen que cambia la melodía del agua, aísla a los peces viajeros y parte a familias enteras, dentro y fuera del río. Todo se altera, de la montaña al mar, para que el paisano recaliente comida en el microondas y enloquezca viendo el telediario.
3 Cobrar por hacer pis. En las ciudades, en los centros comerciales y estaciones, ahuyentar al pobre y sus ritmos fisiológicos con verjas y cercas es de malnacidos. Baños abiertos y limpios para todos. ¿En qué mundo queremos vivir?
4 Fabricar minas y portaaviones. La movida de la guerra y la destrucción no avanzaría si no hubiese empresas y colaboradores cegados por el gran eclipse de esta especie, el dinero. Fuera las armas y las cosas de matar.
5 Las cárceles de animales. Las granjas de engorde de vacas, pollos y cerdos con cereal industrial son un crimen contra los seres sensibles que envenena la tierra, las aguas y a nosotros mismos. La funesta industria de la carne contemporánea es la gran catástrofe civilizatoria.
6 “Mejorar” las semillas. Una semilla es la promesa de continuidad, un embrión vegetal, la vida contenida en la vida. Los laboratorios siniestros que se han dedicado a alterarlas para su acaparación miope son enemigos de la humanidad. El hombre no es dios.
7 Hacer de la catedral museo. Poner a un señorín dentro de una taquilla en las iglesias y convertir lo sagrado en atracción para panolis es una idea torticera. Hay que centrarse en rezarle a dios. Y pagar el IBI.
8 Privatizar el agua. El agua del pozo no es del dueño del pozo. El manantial no pertenece a la embotelladora. El acuífero no es de ningún señor. La vida no puede ser de nadie. Abramos los corazones y bebamos de todas las fuentes. Ahoguemos a los propietarios.
9 Abrir los domingos. La vida tiene que detenerse y hay que aprender a asombrarse de la quietud. Todo debería estar cerrado en domingo menos los hospitales. Aprendamos a disfrutar los parques. A pasear. A estar en casa.
10 El turismo. Dice un proverbio moro que viajando se conoce el corazón de los hombres, pero esta industria de la estupidización y el pedorrismo de querosén tiene que acabarse. Andar por ahí en países que no te quieren y reventando despensas y parques inmobiliarios es comerse la humanidad como la termita al árbol. Tranquilidá, leñe.
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