Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Te recuerdo Viana
Cada cierto tiempo se publican informes y elevan voces que recomiendan la fusión de los ayuntamientos gallegos. Son estudios con origen en departamentos universitarios o carísimas empresas consultoras y destino probable en los cajones de la Xunta. Las ventajas esgrimidas para justificar tan pedregosos procesos, se confunden en un cajón de sastre donde se mezclan el complejo, quizá freudiano, del tamaño y la pulsión correctora de lo disperso o diferente.
En ayuntamientos con menos de 5.000 habitantes, y con los incentivos actuales, será prácticamente imposible obtener economías de escala relevantes
Se parte, siempre, de un incentivo un tanto romo y, en consecuencia, poco efectivo: se dice que el ayuntamiento resultante de la fusión, al incrementar población, recibirá mayor financiación por parte del Estado y/o Xunta. Siendo esta una cuestión cierta, en cifras absolutas, lo es también que el incremento real por habitante es muy poco significativo. Tanto es así, que la nueva cuota de participación en las transferencias de las administraciones superiores, difícilmente compensará los gastos e inversiones repercutibles por la mayor extensión del municipio fusionado o la dispersión de su población. Por otra parte, en ayuntamientos con menos de 5.000 habitantes, y con los incentivos actuales, será prácticamente imposible obtener economías de escala relevantes.
De los 313 municipios actuales de Galicia, solo cuatro –Oza y Cesuras en 2013; Cerdedo y Cotobade en 2017- han procedido a fusionarse y aun así con indudables reticencias por parte de la población y la propia clase política local.
Hace décadas que el profesor Xoaquín Álvarez Corbacho estudió de modo pionero la baja fiscalidad que la mayor parte de los ayuntamientos gallegos aplican a sus vecinos. En la práctica extendida de no cubrir el coste real de los servicios municipales, reside una de las patas fundamentales del déficit de financiación municipal. Resulta tan poco estimulante el camino de la fusión de ayuntamientos que, de los 313 municipios actuales de Galicia, solo cuatro –Oza y Cesuras en 2013; Cerdedo y Cotobade en 2017- hayan procedido a fusionarse y aun así con indudables reticencias por parte de la población y la propia clase política local.
En Galicia, nada menos que 202 municipios cuentan con menos de 5.000 habitantes. Siendo esta una peculiaridad de origen antropológico que el ahora fallecido arquitecto y urbanista carballiñés Fariña Tojo recogió con detalle en su tesis doctoral, no es menos cierto que el objetivo retórico del presidente Rueda para reformar la planta municipal del país, apenas ha dirigido esfuerzos a incentivar otras alternativas entre la actual multiplicidad y la utopía unificadora. Así, las mancomunidades, consorcios o las áreas metropolitanas podrían actuar como herramientas blandas para la cooperación intermunicipal, pero la desconfianza de los regidores a ceder y compartir competencias, el celo partidista y el escepticismo o indiferencia de buena parte de las poblaciones concernidas, siguen a conformar el panorama que Álvarez Corbacho y Fariña Tojo diagnosticaron con acierto hace ya cuatro décadas. Seguimos.
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