Incansables trabajadoras

A MESA Y MANTELES

Publicado: 03 may 2026 - 03:05
Xavier Castro
Xavier Castro

Merece ser notada la característica pluriactividad de las mujeres campesinas que compaginaban, y a veces incluso simultaneaban, diferentes actividades y labores. Se veían obligadas a hacerlo con mucha regularidad, por lo que tenían una amplia experiencia al respecto. La función crea el órgano, según prescribe la neurociencia.

En la Galicia del Antiguo Régimen, el trabajo agrario de las mujeres era discontinuo en sus ritmos y con frecuencia simultáneo, diversificado y no limitado al espacio doméstico que se les adjudicaba como propio de ellas, y el más adecuado dada su identidad de género. En efecto, simultanear tareas, hacer dos cosas a un tiempo, suele ser una característica constante, casi un imperativo categórico para muchas mujeres desde tiempos inmemoriales: la necesidad las obligaba. Como apunta Serrana Rial, las labradoras, que eran al mismo tiempo hilanderas y tejedoras, hilaban con el huso y la roca, instrumentos portátiles, construidos normalmente en la casa, que les permitían compaginar esta labor con otras tareas, como el cuidado del ganado, el desplazamiento a la feria, o la atención a los niños y el cuidado de los ancianos.

Las aventuras de Alberte Quiñoi, en la que describe las costumbres campesinas. Gracias a su testimonio realista podemos adentrarnos en una vivienda típica para conocer algunas de sus particularidades.

Veamos un caso. En lo que concierne al lino, un tejido que ha sido primordial tanto para la vestimenta como para la economía de multitud de hogares rústicos, conviene señalar que la mayor parte de las labores que requería su preparación eran realizadas por las mujeres de la familia. Además, el hilado de la fibra fue también siempre una ocupación femenina, desde mucho antes de que Salvador Miñano publicara su célebre diccionario, en la década de los veinte del siglo XIX. Está documentado que no había propiamente hilanderas profesionales, sino labradoras sencillas, toda vez que constituía una actividad auxiliar en la esfera de la economía familiar campesina. El citado autor publicó este impagable texto que reviste un interés extraordinario: “La rueca es una especie de adorno en las labradoras de Galicia, así como el abanico lo es en las ciudades. En otras provincias las mujeres salen muy poco de casa, porque las labores del campo están confiadas enteramente a los hombres, y los pastores guardan el ganado. No sucede así en Galicia donde las mugeres acompañan los hombres al campo, los axudan en las labores, van a buscar la yerba para los ganados, a llevar estos a pacer, a los molinos y otras mil partes”. Seguidamente precisa lo que nos interesa este momento de manera concreta: “A todas suele acompañarles la rueca, y tienen la costumbre de hilar al mismo tiempo que van andando”.

De este modo, simultaneando actividades, las mujeres lograban desarrollar esta labor, que estaba francamente mal remunerada, como solía acontecer con todo cuanto salía de manos femeninas, pero a pesar de ello, como explicaba Miñano: “Aunque no sea mucho lo que adelanten y cortísimo el beneficio que saquen de su labor al cabo del año, suelen encontrarse con lienzo para renovar la ropa inservible de la familia y aún les queda algún sobrante para vender”.

A mayor abundamiento, podemos traer a colación una novela de García Barros, Las aventuras de Alberte Quiñoi, en la que describe las costumbres campesinas. Gracias a su testimonio realista podemos adentrarnos en una vivienda típica para conocer algunas de sus particularidades. Al final de esta descripción descubrimos un aspecto relevante sobre el modo en que las mujeres compaginaban sus distintas tareas: “Entrando pola da eira, á dereita, atopábase a escaleira que daba ó sobrado; o primeiro paso, que era de pedra, caía no mesmo chan da cociña, e seguíano outros catro ou cinco de madeira. A unha banda e á outra corríanse as manxadoiras, ó descuberto, fora da que cobría a escaleira. Isto tiña a vantaxe de que podían estar ceando ou rezando o rosario e ó mesmo tempo atender ás vacas namentres comían”.

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