Juan M. Casares
CASTELLUM HONESTI
Trasalba; na memoria e no horizonte
Los viejos de la Costa da Morte decían "chegando A Barca chega o inverno". El segundo fin de semana de septiembre, después de tres o cuatro días de acampada y farra en Muxía, los mozos de la zona se marchaban de la romería llorando. "Foise A Barca", plañían con ganas porque había que esperar casi un año para volver a parrandear por las romerías veraniegas.
El 25 de diciembre de 2013 el fuego provocado por un rayo devoró el milagrero santuario de A Nosa Señora da Barca. En esa ocasión ni la "Pedra de Abalar", la tabla de piedra en la que se desplazó la Virgen para consolar al Apóstol Santiago porque no conseguía pescar fieles por estas tierras, no anunció la desgracia. Y eso que la leyenda le atribuye muchos misteriosos avisos e incluso la capacidad de desenmascarar mentiras e infidelidades con su profundo ronquido.
La tragedia fue atendida de forma inmediata por el propio presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. Se desplazó al día siguiente al que también fue "kilómetro 0" de la catástrofe ecológica producida por el petrolero "Prestige" para evaluar los daños y comprometerse a levantar el templo marinero en pocos meses. Tras recibir críticas por ofrecer fondos para restaurar una iglesia mientras el Gobierno gallego recortaba otras partidas, el Arzobispado de Santiago anunció que apandaría íntegramente con el coste de la restauración.
Ayer se celebró la firma del acta de recepción de las obras por representantes de la Iglesia y el estudio de arquitectura contratado. Feijóo no estaba en la foto de un acto al que podría darse un barniz electoral, pero se libró de una buena. Un centenar de vecinos indignados de verdad por el resultado de la restauración mostraron a gritos su descontento en el interior del templo. De nada sirvió que la arquitecta explicase que los muros todavía rezuman agua y que se trata de una primera actuación para devolver el culto a un lugar al que se acude a pie desde decenas de kilómetros en devota peregrinación. El alcalde socialista, Félix Porto, no consiguió enfriar los ánimos, aunque a él tampoco le gusta el resultado. "Si dependiese de mí, ahora mismo le plantaba fuego a esta chapuza", clamó una vecina entre el aplauso generalizado. "Foise A Barca".
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