Ricardo F. Colmenero
Os xemelguiños
Nos reunimos en una cafetería unos exalumnos del colegio Cisneros. Todos éramos de la generación de los 60 y recordamos con nostalgia aquella época dorada. Entonces era un colegio singular. Dirigía el centro un cura, el Moro, del que se decía que, desde la guerra civil, llevaba un pistolón en el bolsillo. Mi curso era 4º B, un curso de repetidores, golfos e irrevocablemente inadaptados. Sin embargo, había profesores que llenaban su aula. Por ejemplo López Cid, que daba clase de Filosofía. Hablaba tan bien, con tanta pausa, que nos cautivaba con su lenguaje. Vamos a ver, hablemos de Platón. ¡Eh!, estén en silencio, y no se oía una mosca en el aula. Era un profesor que llenaba de lucidez la clase. ¿Saben ustedes lo que es la democracia? Todo viene de Platón, es lo contrario del régimen que nos gobierna hoy. Después, nos daba una serie de explicaciones sobre la democracia y a nosotros nos gustaba lo que decía aquel profesor que, a veces, encontrábamos en la calle leyendo un libro mientras caminaba hacia su tertulia en el Hotel Parque. Corrían rumores de que había sido militar en la guerra y había llegado a ser un heroico capitán. De él aprendimos lo que eran las claves de la democracia y lo inevitable y absurda que es la guerra. ¡Ah, la guerra!, a veces se quedaba pensativo mirando por la ventana y ningún alumno se atrevía a moverse.
Había otro profesor que nos cautivaba: el magnífico Xocas, que decía por ejemplo: No extrañéis dulces amigos / que esté mi frente arrugada / yo vivo en paz con los hombres / y en guerra con mis entrañas. Lea usted esta página de Antonio Machado: Ya hay un español que quiere / vivir y a vivir empieza / entre una España que muere / y otra que bosteza. / Españolito que vienes al mundo, / te guarde Dios. / Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.
Allí estábamos un grupo de hijos de los 60 conmovidos por los recuerdos. Una buena panda de chicos que habían buscado refugio en una oficina estatal; alguno de los que se juegan la vida, por diversión, en la parte de atrás del Metro; algún skinhead con botas claveteadas que se divertían prendiendo fuego a los mendigos, vagabundos, ex legionarios; algún concejal, algún doctor y algún maestro. Todo el underground de aquella generación helada que tuvo la suerte de tener profesores excelentes que jamás nos acosaban con discursos religiosos o políticos.
(Nuestro español bosteza. / ¿Es hambre? ¿sueño? ¿hastío? / Doctor, ¿tendrá el estómago vacío? / El vacío es más bien en la cabeza.)
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