Jaque Mate

Publicado: 12 ene 2026 - 01:10

Jaque mate
Jaque mate | José Paz

Si hay por excelencia un juego de reyes, ese es el ajedrez. Un desafío cuya meta busca, mediante el jaque mate -del persa Shah Mat-, no necesariamente matar al oponente sino inmovilizarlo, capturando su autoridad. De ahí se infiere el principio de “rey no mata a rey”, basado en la tradición de la diplomacia medieval europea, al plantear que los monarcas representaban la continuidad del Estado, dando como resultado el regicidio la desestabilización de la legitimidad y de la paz, además de represalias colectivas. De tan inteligente observación surge la idea de soberanía, relacionada con el concepto de inmunidad soberana, al ser el monarca la encarnación de la ley, que en el tablero político actual ampara a todos los jefes de Estado. A pesar de ello, el mundo asistió perplejo a la intervención y captura de Nicolás Maduro por parte del presidente estadounidense, en una operación que deja pocas luces y demasiadas sombras.

La primera negrura se relaciona con las formas, porque la intervención militar en un estado soberano, sin que medie una anterior declaración de guerra y secuestrar al jefe del Estado es, en sí mismo, un acto de injerencia inaceptable, por mucho que Trump haya invocado la más que discutible Doctrina Monroe, en relación a la actitud exterior estadounidense frente a la influencia europea en el hemisferio occidental, que no deja de ser una postura política unilateral y, para el caso que nos ocupa, deliberadamente mal interpretada por el mandatario invasor, al generar una forma de neocolonialismo en otra nación americana.

Pero la medida de mantener a Delcy Rodríguez en el poder por garantizar la cohesión de Venezuela constituye en sí misma una contradicción, ya que si por un lado admite que el chavismo es el modelo ideal y más seguro para el país bolivariano, por el otro, Trump deja su acción contra Maduro a los pies de los caballos al mantener como presidenta a una presunta cabecilla del Cartel de los Soles, evidenciando que su acción lo aboca al abismo.

En España, lo mismo que en otros lugares, la reacción primera fue la de alabar el gesto de la Administración Trump evocando los derechos humanos, sin reparar en dos conceptos elementales: soberanía y derecho internacional. A quien censuró la actitud de Washington, le salieron en tromba los menos avisados, echando a los lobos a los críticos, tachándolos de alineados con Caracas y las narcodictaduras, hasta que de pronto saltó Groenlandia a la palestra. Pese a las ansias expansionistas de Trump, todos en Europa le reían las gracias por las amenazas a Colombia y a México, pero ahora observan con cautela su reivindicación sobre la gran isla blanca.

De ahí la importancia de respetar y hacer respetar el Derecho Internacional. Si la norma no es buena, habrá que cambiarla, pero eludirla nos condena a todos a la ley de la jungla.

¿De verdad alguien puede creer que le importan mucho las personas, al más férreo defensor del muro con el que pretendía hendir una zanja que separase de cabo a rabo a México de Estados Unidos, sin tener escrúpulo en detener a familias enteras de inmigrantes, deportando a los padres mientras mantenían en jaulas a los niños, por los que ni se preocuparon por averiguar su filiación, con el resultado final de no saber a quién devolverlos?

La primera pregunta lógica es cómo se para al elefante Trump dentro de la cristalería. La segunda inmediata es cómo hacerle frente. ¿Por qué todos los gobiernos le dejan hacer sin que nadie mueva un dedo para impedirlo, sobre todo considerando que bastaría con China, o un acuerdo entre París y Moscú para tener un ejército y medios suficientes para hacer frente a EEUU? Sí, esas extrañas alianzas ya se dieron en el pasado, como en la II Guerra Mundial contra la Alemania nazi.

La respuesta es que los acuerdos comerciales no se negocian en rupias, coronas ni rublos, sino en dólares estadounidenses. Trump es plenamente consciente de que la caja fuerte de EEUU no está en la Reserva Federal, sino en el planeta, porque hay más cientos de miles de millones de dólares fuera que dentro de Estados Unidos. Si Washington cae, la devaluación del dólar arrastrará en su caída al resto de naciones, con la evidencia de que el mundo, tal y como lo conocemos ahora, desaparecerá. Decía Maquiavelo que el poder no se sostiene con buenas intenciones, que el orden, la estabilidad y el dominio pertenecen a quien comprende la naturaleza real del poder. De ahí la importancia de respetar y hacer respetar el Derecho Internacional. Si la norma no es buena, habrá que cambiarla, pero eludirla nos condena a todos a la ley de la jungla.

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