Carlos Risco
COSAS QUE NO CONVIENEN
Enquistarse en las pequeñas penas
EL ÁNGULO INVERSO
Es la primera reunión de mi camada después de las navidades. Habíamos quedado en que cada uno de nosotros debía hacer algo para mejorar este jodido mundo o, al menos, para mejorarnos a nosotros mismos.
Hoy, casi todos me hacen caso y se empujan buenos tragos de vodka. El músico llega eufórico: “Hemos salido con vida de estas navidades. Brindemos, pues, por estar vivos, ¡qué carajo! Brindemos también porque nuestro estilo continúe siendo creativo y solidario”.
El barman trae más medicina e interviene el abogado: “Brindemos también por ahuyentar nuestros errores. De ninguna manera nos arrastraremos por una vida gallinácea. Hay que estar con los ojos muy abiertos ante este disparatado tiempo histórico. Pero, que cada uno diga qué ha hecho durante estos días vacacionales”.
El abogado no se inmuta y arranca: “Contaré lo mío. Os va a sorprender, pero un amigo me indicó el lugar adonde ir estos días y acertó. Pues estuve es un monasterio del País Vasco. No doy datos, el abad me insinuó que no quería publicidad. Cierto, tenía que huir del jolgorio borreguil y de las calles llenas de badocos; y de las largas colas en los comercios de rebajas. Ya sabes las reglas, me dijo al llegar: ‘Ora et labora’. Dale el móvil a este monje. Aquí vivimos despojados del tiempo del reloj. Leerás la biblia con nosotros y trabajarás en nuestro huerto’. Aprendí más cosas, por ejemplo, pronto os invitaré a probar un queso que elaboramos allí. No voy a dar datos, pero me pasé siete días bíblicos y felices en el monasterio. Había mucho silencio, observé que la mayoría de los ocho que estábamos allí teníamos los ojos maltratados por los ordenadores. Sugirió el abad: ‘Como escribió Borges: No hables al menos que puedas mejorar el silencio”.
El músico llega eufórico: “Hemos salido con vida de estas navidades. Brindemos, pues, por estar vivos, ¡qué carajo! Brindemos también porque nuestro estilo continúe siendo creativo y solidario”.
“Teníamos un tiempo de diálogo y reflexión. Me sorprendió cuando el prior nos preguntó sobre los pecados que nos atormentaban. Cierto, uno de los huéspedes insistió, dolorido, ¡toma ya!, que la envidia lo corroía y que no era capaz de superarlo: ‘He llegado a la conclusión de que es herencia de vidas pasadas. Es decir, que la envidia es un mal genético. No soporto que a alguien le vaya bien”.
“Alguien citó al clásico: ‘España es el único país que para alabar a alguien dice que es envidiable”.
“Discutimos largamente sobre el tema. Ahora no es el momento de detallar las conclusiones de lo que hablamos allí”. La tertulia termina. En la próxima les tocará a los demás contar su experiencia. “Eh, eh, no os vayáis”, dice nuestro amigo, sacando algo de su mochila. “Vamos a degustar estos dulces que me enseñó a hacer el abad cocinero en el monasterio”.
(“El abad era entre cercano e inasequible. Le hablé de nuestra camada semanal y le interesaron nuestras reuniones. Al principio no estaba por la labor, pero al final conseguí convencerlo. Habitualmente, no admite grupos, pero hará una excepción y nos dará cobijo y luz en su monasterio”.
Presiento que es inevitable acudir, como si los dioses lo ordenasen. Preparémonos pues. Marquemos una fecha. Allí, juntos, sacudiremos traumas y miserias humanas).
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Carlos Risco
COSAS QUE NO CONVIENEN
Enquistarse en las pequeñas penas
Antonio Nespereira
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Ante el Foro de Palos o de Pavos
Lalo Pavón
O AFIADOR
O oficio e a dignidade
Jorge Vázquez
SENDA 0011
Más allá del toque
Lo último
RESTAURACIÓN DE VIVIENDAS
Casas de 60.000 euros para reformar reviven la periferia de Ourense
MANO DE OBRA Y PERMISOS
La rehabilitación de casas en Ourense puede tardar dos años en ponerse en marcha
NEVADAS RESIDUALES
La borrasca Ingrid se retira tras dejar aldeas incomunicadas