La justicia tuerta

VÍA DE SERVICIO

Publicado: 14 abr 2026 - 06:40
Opinión de Fernando Lusson.
Opinión de Fernando Lusson. | La Región

La alegoría de la Justicia representa una mujer con los ojos vendados, una espada y una balanza en equilibrio que simboliza la administración imparcial del derecho. La figura que mezcla símbolos de la diosa griega Temis y de la romana Iustitia luego es aplicada por jueces y juezas con el prurito de la imparcialidad y sin dejar que sus debilidades terrenales y su ideología interfieran en la aplicación del derecho para establecer la verdad. Cuando se utiliza la caricatura para dibujar la alegoría de la Justicia, se la representa siempre con un ojo destapado de tal forma que aparece tuerta, para ver lo que quiere ver e interpretar los hechos no con la ecuanimidad de la ceguera sino con la subjetividad de ver solo aquello que se quiere ver y despreciar lo que no le conviene a su visión partidista.

Se acaba de escuchar a un inspector de Policía declarar que en su informe como investigador principal del “caso Kitchen”, quedó acreditado que los apodos de el Asturiano -quizá por aquello de gallegos y asturianos, primos hermanos- y el Barbas -más que evidente-, correspondían a Mariano Rajoy o, como aparecía en la “libretita” del extesorero del PP, Luis Bárcenas, M. Rajoy, como supuesto perceptor de sobresueldos en la organización que presidía. Un juez de instrucción de la Audiencia Nacional, Manuel García Castellón, ya jubilado, no consideró que ninguno de los indicios fuera suficiente para llamarle a declarar ni tan siquiera como testigo. Tampoco las conversaciones grabadas entre el comisario José Manuel Villarejo y la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, sobre el desarrollo de la “operación Kitchen” sirvieron para investigarla. Otros presuntos delincuentes, por menos indicios son procesados. La visión parcial de la Justicia en este caso se extiende al tribunal de la Audiencia Nacional que juzga al exministro del Interior Jorge Fernández Díaz que, como los bomberos, no ha querido pisar la manguera al juez instructor, y ha rechazado la petición de incorporar eso datos.

El juez de instrucción del 41 de los de Madrid, Juan Carlos Peinado, inasequible al desaliento, ha enviado a Begoña Gómez, la esposa de Pedro Sánchez, a una vista oral con jurado por cuatro presuntos delitos, tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación, por su actividad relacionada con su trabajo en la cátedra extraordinaria en la Universidad Complutense que dirigía. El juez ha rechazado la práctica de más pruebas solicitadas por las defensas, y ha pedido a las partes que presenten sus escritos de conclusiones. La pretensión de que Begoña Gómez fuera juzgada por un tribunal del jurado fue rechazada inicialmente por la Audiencia Provincial de Madrid por falta de justificación, pero el juez Peinado ha vuelto a la carga. Que el juez ha realizado una excéntrica investigación, que la inició vulnerando la jurisprudencia del Tribunal Supremo, que hasta el abogado de una de las acusaciones ha abandonado la causa por percibir su interés político y que la acusación por los delitos son endebles, da la impresión de que la justicia que quiere impartir el juez está más relacionada con sus intereses personales, sus prisas antes de que le llegue la jubilación y por lograr el aplauso de un sector de la sociedad que por esclarecer la verdad.

Lo grave es que los encargados de restaurar la ceguera de la Justicia no quieren ponerle la venda en su sitio.

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