Afonso Vázquez-Monxardín
Estramadura, e a decisión do PSOE
La Constitución (Art. 134) establece que el Gobierno debe presentar los Presupuestos al menos tres meses antes de que finalicen los anteriores. A la sazón estamos con las cuentas prorrogadas en dos ocasiones y todavía no conocemos ni el techo de gasto, porque la ministra de Hacienda, que no pierde ocasión para sermonear a quienes inquieren por el retraso en dicho compromiso, marea la perdiz porque no tiene la certeza de que todos los socios de la investidura vayan a apoyarlos. Junts, el partido del prófugo Puigdemont, viene amenazando con votar en contra.
Y tampoco está claro qué hará Podemos, que esta semana -junto al PP y Vox - contribuyó a tumbar la cesión a Cataluña de las competencias en materia de inmigración. La precariedad parlamentaria del PSOE conduce a pensar que la legislatura va a entrar en una fase agónica, en la que ante las exigencias de sus socios cualquier iniciativa del Gobierno en materia legislativa se convierte en un trance de humillación política. Horcas caudinas en las que se recrea Carles Puigdemont (Junts) resentido en su mansión de Waterloo y un rencoroso Pablo Iglesias que, desde fuera del Parlamento, maneja los hilos de Podemos.
De momento Pedro Sánchez solo cuenta con Sumar, ERC, Bildu y el PNV. Frankenstein se descompone un poco aunque sin llegar a la implosión. Si la vía parlamentaria está llena de obstáculos la agenda judicial comparece como un campo minado. Los casos de presunta corrupción que rodean al presidente son fuente de continuos sobresaltos y, al tiempo que suministran a la oposición munición dialéctica con la que cargan en las sesiones de control, en alguno casos dan pie a la reprobación de algunos ministros. Pese a que el Gobierno va a rastras, Sánchez tiene dicho que su objetivo es culminar la legislatura llegando hasta el año 2027. O más lejos porque, según dijo hace unos días, se ve sin fecha de caducidad. Parece que Sánchez ha hecho suya la creencia de Churchill según la cual el éxito es la recompensa de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo. Veremos qué dicen sus socios y a cambio de qué van a seguir prolongando una legislatura que parece haber entrado en fase agónica.
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