Luces largas para un país que duda

CUENTA DE RESULTADOS

La internacionalización española vive una nueva etapa marcada por la fragmentación global, la competencia entre bloques y un pesimismo interno que contrasta con la posición real del país en el exterior

Publicado: 23 nov 2025 - 05:10 Actualizado: 23 nov 2025 - 11:34
La economía se ha mantenido resistente incluso en un entorno turbulento.
La economía se ha mantenido resistente incluso en un entorno turbulento.

Desde los años 90, España protagoniza una de las trayectorias de internacionalización más dinámicas de Europa. Su presencia global creció a un ritmo superior al de la mayoría de sus socios, reforzando su peso económico, cultural y político. Aquella expansión se frenó en seco con la Gran Recesión. Entre 2010 y 2020, España perdió presencia exterior en valor absoluto, aunque no cayó en el ranking. La pandemia –y su impacto devastador sobre el turismo y las migraciones– tampoco alteró ese lugar relativo. Y, desde 2021, la recuperación se ha consolidado con un desempeño mejor que el promedio europeo.

¿Significa esto que ya ha vuelto a los tiempos dorados? No. Según el instituto Elcano, España sigue lejos de los niveles de presencia global previos a 2010. Pero tampoco se ha evaporado su capacidad de adaptación en un mundo mucho más hostil. Mientras las potencias asiáticas redibujan la geografía de la globalización, España ha demostrado algo que no es menor: capacidad para ganar cuota en épocas de expansión y para no perder pie en etapas de contracción. En un tablero que cambia a tal velocidad, sostenerse ya es una forma de avanzar.

El contraste entre el relato y la realidad no se explica solo por el malhumor social. El clima político lleva años decantándose hacia la descalificación, la exageración y la media verdad. La oposición ha encontrado en el catastrofismo un estilo de confrontación permanente y eso ha contaminado la conversación pública. Cuando se machaca a diario que todo va mal, al final una parte de la población termina creyéndolo. Aunque los datos digan otra cosa.

Desde la moción de censura que reconfiguró este Gobierno, el empleo ha crecido, la afiliación a la Seguridad Social ha batido récords y la economía se ha mantenido resistente incluso en un entorno internacional turbulento. Las políticas sociales se han ampliado y las pensiones se actualizan según el IPC, algo que debería importar especialmente a quienes más protestan y forman parte, precisamente, del grupo más protegido.

Pero quizá lo más preocupante no sea el pesimismo, sino la fractura emocional que lo acompaña. Antonio Machado hablaba de las dos Españas. La imagen puede sonar gastada, pero sigue vigente. Hay tensiones nuevas, movimientos de extrema derecha que crecen en Europa y aquí, brotes de agresividad política que deberían preocupar. Y, aun así, hay razones para el optimismo. La historia reciente demuestra que España sabe adaptarse y resistir cuando el viento sopla en contra. Reconocer lo que funciona no significa ignorar los problemas: solo permite afrontarlos sin caer en el tremendismo que domina demasiadas conversaciones. En un mundo fragmentado, donde la flexibilidad y la capacidad de moverse entre bloques se convierten en un activo, tal vez España esté más preparada de lo que parece.

Quizá el desafío no sea mejorar la presencia global –que también–, sino una reconciliación interna. Porque un país que se cuenta mal a sí mismo acaba viéndose peor de lo que es. Y eso, a la larga, afecta más que cualquier ranking. El Gobierno ya ha renovado la Estrategia de Acción Exterior (2025-2028), que mantiene los viejos pilares de la política exterior española –multilateralismo, UE, vínculo atlántico–, pero coloca por primera vez la seguridad económica como asunto central y pone el foco en lo geográfico. Toca estar atentos.

@J_L_Gomez

Contenido patrocinado

stats