Francisco Lorenzo Amil
TRIBUNA
Maestras de la costura
TRIBUNA
Fue un boom... El ramo del vestido, en plena República, pasaba por una etapa difícil. Se estiraba el traje; se remendaba el vestido…; se imponía la abstinencia en el consumo. En tiempos revueltos -ya lo decía Maslow, con su pirámide- la prioridad fue, siempre, preocuparse, antes que nada, del sustento. Y a la vez que la merma en el presupuesto familiar, por un lado, llamaba al retraimiento, por otro, ponía en peligro, muchos trabajos; en especial, los oficios de aguja.
Las propias modistas eran quienes lo presentaban en un desfile ante un jurado, compuesto por personas del sector textil"
Entonces, con un panorama de crisis generalizada, el concurso promovido, en 1932, por la revista gráfica Estampa, le vino como anillo al dedo a la industria del vestido. Fue un revulsivo. La mujer, con una formación sin precedentes, había accedido al mercado laboral y comenzaba a feminizar actividades profesionales - telefonistas, funcionarias…-, mayormente, en el sector textil -modistas, sastras,…-. En Ourense mismo, aparecen talleres, vinculados al oficio de la aguja, que tienen un gran prestigio en el marco local. Algunas, como Mª Teresa Testa, incluso, lo trascienden. Esta modista había estudiado en París, y había estado al frente de uno de los mejores establecimientos del buen vestir. A mediados de los años veinte, abre su propio taller en la Plaza del Hierro en la ciudad de As Burgas, en donde se especializa en trabajos “tailleur” y fantasía. Acompañada, a menudo, por la hermana, sigue manteniendo relación con personajes de la moda parisina. Mismo, asiste, a las pasarelas de moda de Burgos, Bilbao, San Sebastián y Madrid en las que se exponían las últimas creaciones de prendas femeninas. De ahí que, cuando aparecen concursos, vinculados con el gremio del vestido, para muchas de las modistas que trabajan con ella, fuesen más que simples certámenes. Eran auténticos escaparates para exhibir el talento, el ingenio y la creatividad.
El “Concurso del vestido de cuatro pesetas”, ideado por la revista Estampa, similar - salvando las distancias-, al programa televisivo “Maestros de la Costura”, causó tal furor que sorprendió a los propios promotores. El reto consistía en poner a prueba la habilidad de jóvenes costureras, ante un jurado, con el objetivo de confeccionar un vestido por el módico precio de cuatro pesetas. En nueve puntos se exponían las bases. La prenda tenía que ser de tela y el coste debía estar por debajo del precio estipulado en el certamen. Realmente, la revista gráfica madrileña trataba de demostrar que la moda y la elegancia podían estar al alcance de cualquier bolsillo. Era un “uppercut” a la ostentación…
No es que las participantes tuviesen que hacer magia; no. El salario diario de un trabajador, en esa época, estaba entre cinco y diez pesetas. Hacer un vestido de fiesta con el sueldo mínimo de un día, por lo tanto, era un desafío. Luego, las propias modistas eran quienes lo presentaban en un desfile ante un jurado, compuesto por personas del sector textil. Estos especialistas tras valorar el mérito estético -combinación de colores, originalidad, perfección del corte…-, y, después de asegurarse de que el se ajustaba a las bases del concurso, adjudicaban los premios. A aquel I Certamen se presentaban, en Madrid, doscientas cincuenta jóvenes que, por cuatro pesetas, habían sido capaces de realizar trajes de tarde o de noche, ciertamente elegantes.
El concurso causó tanto furor que, al año siguiente, en Ourense, al igual que en otras partes del país, se reproducía una réplica del que se realizaba en la capital de España. En esta ocasión, la Comisión encargada de preparar la Fiesta de Bomberos, invitaba, copiando exactamente las bases que había sacado la revista madrileña, a participar en el “Concurso del vestido de cuatro pesetas” que se celebraría el 30 de julio en la explanada del Cuartelillo de Bomberos. Se abría un plazo de nueve días para presentar la inscripción. Un jurado compuesto por un artista, dos modistos y dos miembros del comercio del sector textil, serían los encargados de entregar los premios.
A pesar del poco tiempo que tuvieron desde que salieron las bases del Concurso -el 19 de julio de 1933-, hasta el desfile, se presentaban tres jóvenes. La calidad de los vestidos, basados en criterios técnicos y estéticos, no pasaron desapercibidos para la propia revista Estampa. En ella, entre los ejemplos gráficos de las ganadoras que figuraba en el “Concurso del vestido de cuatro pesetas” celebrado con motivo de las fallas en Valencia, también aparecían las premiadas en la Fiesta de Bomberos de Ourense.
El primer premio -75 pesetas en metálico, un par de zapatos y una caja de medias de seda-, recaía en Clotilde Suárez, que entregaba 10 pesetas del premio para los comedores de asistencia social. El segundo, dotado con 25 pesetas y una caja de medias, era para Rocío Rodríguez; y, el tercero, una caja de medias de seda, se le adjudicaba a Celia Serantes. El jurado, había estado formado por la recién nombrada Miss Ourense -Marujita Gómez-, por dos personajes relevantes de la sociedad ourensana -Luís Fernández y José Uruburu-, y por dos modistas -la prestigiosa Mª Teresa Testa y Julia Álvarez-. Al final, el efecto Estampa había calado tanto en las maestras de la costura ourensanas que muchas de ellas confeccionaban trajes igual de baratos que elegantes con la ilusión de ver, al menos, publicada su fotografía en la revista madrileña.
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