EL MAL AJENO

Publicado: 02 feb 2012 - 08:40 Actualizado: 11 feb 2014 - 00:01

La envidia!, ¡los celos! ¡Qué nefasta y peligrosa enfermedad! Personalmente creo que son los dos pilares más tristes de una sociedad, de los pueblos pequeños y de las mentes raquíticas, cicateras y corrosivas de cualquier comunidad o grupo. Nunca alegrarse del mal ajeno es positivo, ni para el que se alegra ni para quien desgraciadamente lo sufre. Y esto a todos los niveles. Cuando hace tiempo tocaba más o menos este tema aquí, alguno debió darse por aludido pese a que, por otra parte, nunca traté de referirme a nadie en concreto, porque ello supondría caer en el error que trato de denunciar. Nunca es ese mi estilo. Pero sí que el buen hombre se dirigió a mí para preguntarme, ¡nada menos!, que por quien iba el tema. Posiblemente el tal sujeto andaba cerca del error y por eso le picaba la verdad?

Van por otro lado los tiros. Tras cualquier evento o competición, elecciones incluidas, algunos pierden el tiempo de una manera miserable tratando de masacrar al que perdió, cuando debiera ser otro el camino a seguir si queremos que la entidad criticada vaya adelante y funcione. Porque como repetía mil veces aquel inolvidable cura de Vilamarín, Don Antonio, apodado 'o Pote': 'Pensar mal non mantén e algúns comulgan pero non lles baixa da gorxa'. Mucha razón tenía aquel gran aficionado al 'tresillo', aunque según los entendidos era mal jugador y lo único que pretendía era reunir a los compañeros en su casa, ofrecerles un almuerzo y pasar momentos agradables.

Es la tónica que falta por introducir en la sociedad. Nunca para condenar a nadie y menos atacarlo y siempre para tender la mano. En tiempo de crisis sería pérdida de tiempo tratar de criticar, postergar y condenar al ostracismo a quienes han perdido. O salimos arrimando el hombro todos y cada uno o nos hundimos juntos. Y en este fracaso tan largo, muy posiblemente tenga la culpa en gran parte la filosofía que apuntamos. Europa es un puzzle, un mosaico en el que todos somos necesarios. Creerse imprescindibles, como algunos países, mientras el resto bajamos la cabeza a sus reprimendas es socavar la unidad. Sin entender nada de economía, como gran parte de los ciudadanos, me parece inadmisible prepotencia la mantenida por Alemania y Francia. Parecen dueños de una batuta en una orquesta desafinada.

La unidad nunca se va a conseguir por ese camino. Acaso haya sido precipitada la unión que ahora poco a poco se comprueba que es ficticia. La unidad económica es difícil de conseguir sin que exista unidad de criterios, política y de sentimientos. Y sobre todo mientras unos vayan de jefes y los demás de lacayos. Aquellos masacrando el mal ajeno y éstos sufriéndolo.

Esta es la realidad vista desde fuera del continente. A la hora de negociaciones, los negociadores únicamente se dirigen al Bundestag o al Elíseo y los demás de corifeos. Es muy posible que sean estas dos sedes las que mejor hayan gestionado y salido de la crisis, pero ¿a costa de qué? ¿De primar su agricultura e industria mientras los otros tiramos la leche, el vino, los cítricos y demás? ¿Quiénes en realidad han impuesto las cuotas en estos campos? Nos han llegado totalmente marcadas. Y todo eso es alegrarse del mal ajeno, lo cual es un error grave, un delito y un despropósito, por lo cual en vez de criticar sería el momento de aunar tanto los gobiernos como la oposición de los países.

Contenido patrocinado

stats