Mal pronóstico

VÍA DE SERVICIO

Publicado: 16 ene 2026 - 00:15
Opinión de Fernando Lusson.

De la reunión prevista para el próximo lunes en La Moncloa entre el presidente el Gobierno, Pedro Sánchez y el líder de la oposición, Alberto Nuñez Feijóo, es fácil prever que no saldrá ningún acuerdo en ningún sentido, sino un motivo más para ampliar las discrepancias entre ambos políticos sobre su forma de entender las relaciones internacionales, y todo ello porque, desde el inicio, las posiciones de partida son absolutamente divergentes. El presidente del PP quiere que Sánchez le explique toda la estrategia exterior y de defensa que España mantiene y piensa desarrollar en el futuro, y llega a la reunión con nulas o escasas expectativa de ver satisfechas sus demandas. Desde La Moncloa, sin embargo, se mantiene una actitud displicente y están dispuestos a explicar en la duración del encuentro “los cambios geopolíticos que se están produciendo en el mundo”, aunque la reunión está convocada para recabar el apoyo del PP a un hipotético despliegue de militares españoles en Ucrania en una misión de interposición multilateral, una vez que se alcance la paz o un alto el fuego en la guerra con Rusia.

Feijóo tendrá que explicar si ya tiene una opinión forjada sobre la soberbia del amigo americano, la destrucción del orden internacional conocido hasta su llegada a la Casa Blanca, y por supuesto tendrá que decidir si aparca, aunque solo sea en este asunto el ‘antisanchismo’

Además de estar viciado de origen, el encuentro llega condicionado porque Pedro Sánchez se ha saltado desde el primer momento el precepto de que las actuaciones en exterior y defensa han sido tradicionalmente políticas de Estado desarrolladas con un consenso básico entre los dos principales partidos, pero el jefe del Ejecutivo ha adoptado muchas decisiones trascendentes sin explicar tan siquiera el motivo de su cambio de opinión, como con respecto al Sáhara, o el reconocimiento como Estado de Palestina, o situarse como el adalid de la oposición a las vulneraciones del derecho internacional por parte de Donald Trump. O que deje de explicar las inversiones en sistemas de armas para cumplir con los acuerdos de la OTAN. Pero si Sánchez no informa adecuadamente, la respuesta del PP no puede ser dejar de reconocer que la dirección y ejecución de la política exterior y de defensa corresponde al Gobierno.

Si la reunión en La Moncloa se circunscribiera al orden del día previsto por el Ejecutivo la reunión podría saldarse con un acuerdo de mínimos sobre el futuro de la hipotética intervención militar española en Ucrania, que tendría que ser aprobada por el Congreso con los votos del PP -porque el PSOE no podrá contar con los partidos a su izquierda-, pese a las pocas ganas iniciales de los populares que, sin embargo, estarán presionados por el resto de los grandes partidos y gobiernos conservadores europeos que apoyarían el despliegue militar.

Sin duda, ambos líderes abordarán otros asuntos como la situación de otros países, cómo la que vive Venezuela, el fiasco de la transición a la democracia y el papel de España, o las amenazas de Trump para anexionarse Groenlandia y la crisis que puede desatar en la OTAN, y Feijóo tendrá que explicar si ya tiene una opinión forjada sobre la soberbia del amigo americano, la destrucción del orden internacional conocido hasta su llegada a la Casa Blanca, y por supuesto tendrá que decidir si aparca, aunque solo sea en este asunto el ‘antisanchismo’ y a su salida de La Moncloa proyecta un rayo de normalidad entre los dos líderes. También puede ocurrir que afirme, como hacia Rajoy cuando le llamaba Zapatero, que no sabe a qué ha acudido a la reunión, mientras el mundo cambia de paradigma.

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