Simone Saibene
¡BUONE VISIONI!
“Digger”, o descontrol da narrativa
La UEFA, según sus estatutos, dicen ellos, es una organización “política y religiosamente neutral”. Y en eso se han escudado para prohibir iluminar el Allianz Arena de Munich con los colores de la bandera arco iris en el partido Alemania-Hungría, algo que el alcalde de Munich pretendía hacer como protesta contra las repulsivas leyes homófobas húngaras del impresentable Viktor Orbán.
Pero lo de organización “política y religiosamente neutral” no casa con el fútbol.
Como saben mis lectores yo soy un ignorante en ese deporte, aunque me entretiene ver los partidos importantes por la tele, pero esto no trata de deporte ni de fútbol.
El setenta por ciento, así a ojo, de los jugadores de Europa llevan colgada una cruz del cuello, o una medallita con un santo o una virgen, o un tatuaje con algo parecido; otro porcentaje notable antes de saltar al campo reza un rato en el vestuario mirando a La Meca; otros se persignan antes de tirar un penalti; las gradas están abarrotadas de banderas de todos los colores, culturas, religiones e ideologías posibles, algunas bastante criticables por cierto; muchos jugadores cuando meten un gol o llevan a cabo una jugada exitosa se tiran al suelo de rodillas, juntan las palmas de las manos y miran al cielo, me pregunto qué demonios estarán haciendo, yo creo que rezar y dar gracias a algún dios, no se me ocurre otra explicación; los dirigentes de la UEFA diríase que van todos a misa, pues siempre los veo vestidos como si volvieran de misa el domingo por la mañana para tomar el vermú con sus amigos; muchos hinchas en cuanto acaba el partido y salen del estadio se quitan el disfraz y se muestran tal cual son, con sus esvásticas o emblemas de lo que sea a la vista, y se dedican a aporrear al personal por las calles mientras se ponen morados de birras. En fin... creo que no hace falta que diga más.
Así que lo de organización “política y religiosamente neutral” suena como una excusa un poco rara, la verdad. En realidad los campos de fútbol son más religiosos e ideológicos que una misa concelebrada en la catedral de Burgos, la peregrinación a La Meca, o la fabulosa película nazi “El triunfo de la voluntad” de Leni Riefenstahl.
Por tanto la iluminación del estadio con la bandera arco iris es una polémica bastante rara, ya que los estadios están permanentemente iluminados con toda clase de banderas y reivindicaciones de todo signo.
Siempre lo he dicho: la grandeza del fútbol son esos niños de doce años descalzos que juegan con una pelota de trapo en un campo embarrado en África, sin porterías, y que sueñan con ser Cristiano Ronaldo o Leo Messi, para sacar a sus familias de la pobreza. Esa es la grandeza del fútbol.
Como decía Gabriel Celaya en un poema: “Yo maldigo a los neutrales/ que lavándose las manos/ se desentienden y evaden”.
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