La mano en el bolsillo

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Publicado: 05 jul 2025 - 00:05
Opinión en La Región
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Tengo una mano dentro del bolsillo que intenta esconder el pensamiento permanente de que todo lo que fui contigo me avergüenza. La otra se pasea entre palmas de distintos tamaños. Palmas de gente aleatoria que a menudo no me deja escapar de todo eso que fui.

La mano que tengo en el bolsillo es cobarde y lenta.

Agarra la calderilla color cobre con fuerza. Por si así el aroma del metal cuando acerco los dedos a la nariz me lleva a otro lugar. A ese de las cien pesetas, de las vacunas. De lamer las heridas.

Tengo una mano en el bolsillo, mientras la otra señala el alrededor y me recuerda cómo se deterioró todo el barrio. Cómo las arrugas han dejado de ser surcos asimétricos donde guardamos el pasado, y ahora parecen estigmas permanentes que te recuerdan a otra persona. Parecida a ti. Más vieja. Más triste. La mano que tengo en el bolsillo es feliz. Feliz en su espacio reducido de bienestar translúcido. Tapando el agujero de la costura desgastada por donde se pierden las cosas que guardamos sin querer. Aprendió de todas esas manos ajenas. El dolor y la envidia. Pero también aprendió el placer. Y es por eso que las manos, las dos, saben tocar. Cada una con su propia presión, con su particular calor.

Tengo una mano dentro del bolsillo, que me pellizca y me mantiene alerta. Aquí. En el lugar donde quiero vivir. La otra se pasea vanidosa, inmadura y cruel. El pasado y el presente rivalizan persistentes.

Tengo una mano dentro del bolsillo que agarra con fuerza el mechero, mientras la otra sostiene el cigarrillo del viernes por la tarde.

La mano que tengo en el bolsillo esconde las marcas del paso del tiempo en los nudillos, y con sus dedos arranca la piel de ambos lados de las uñas. Deshaciendo las esquinas. Solo un poco. Complaciente. La otra se dedica a gesticular para convencerte de que ya no queda futuro. Que ahora solo puedes mirar atrás.

La mano que tengo en el bolsillo a menudo se cansa y, a escondidas, allí dentro, pulsa en la pantalla del teléfono el botón de siguiente canción. Se cansa y se desespera. La misma frase en bucle. Porque ese cielo lanza brazos invisibles hacia mí. Pero el cielo no es el mismo y los brazos han cambiado. Y la otra mano, la intransigente, activa de nuevo el repeat, porque sí, por su creencia dictatorial de que ya fuiste suficientemente feliz.

Y a veces se despistan y se cogen la una a la otra. Como cuando abrazas a alguien que no te hizo el daño suficiente para ignorarlo. Pero daño al fin y al cabo. Y el aire se vuelve extraño y el olor insoportable.

Tengo una mano dentro del bolsillo, que me pellizca y me mantiene alerta. Aquí. En el lugar donde quiero vivir. La otra se pasea vanidosa, inmadura y cruel. El pasado y el presente rivalizan persistentes. El pasado me sube por la garganta. El presente templa los sentidos. El futuro es lo único en lo que deberíamos creer.

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