Jenaro Castro
TRAZADO HORIZONTAL
Juanma y la parábola de San Pedro
En realidad, con la grave crisis económica que invade a todos los pueblos del planeta Tierra, es poco habitual hablar precisamente de que hay que cambiar la sociedad. Para ello, y como antecedente, hay que remontarse en donde dio comienzo la crisis: Estados Unidos.
El sistema norteamericano, quiérase o no, que sustituye Notaría y Registro por un sistema simple de seguro de títulos, además de ser caro y malo, de su mano han venido las hipotecas basura, la crisis financiera y, también, las de las aseguradoras que respaldan a aquellas. Aparte también de la ausencia de organismos de control verdaderamente eficaces en los ordenamientos donde nació el grave problema mundial.
Por otro lado, existe todavía la visión ideológica de la economía que sostiene que la desregulación siempre es la mejor política y que nos ha llevado, a no dudarlo, a los problemas del sistema financiero. Esta visión sobrevaloró el mercado, infravaloró el papel del Estado y, aunque parezca mentira, devaluó la dignidad del trabajo. La crisis ha mostrado claramente cómo el capital se fue al sector financiero. Los bancos, por ejemplo, preferían prestar dinero a organizaciones oscuras antes que ayudar a crear una empresa. Por eso, para salir del 'agujero' hay que restablecer cuanto antes el equilibrio entre la misión reguladora del Estado, la capacidad de generar riqueza del mercado y la voz de la sociedad, los hombres y mujeres, las familias, los trabajadores.
Realmente, parte de la crisis es una crisis ética. La sociedad debe escuchar necesariamente al mundo del trabajo. Hay que creer en la persistencia. Baste recordar que hemos visto el fin del apartheid y la llegada de Mandela al poder como presidente de Suráfrica, se ha producido una evolución lenta en América Latina hacia un mundo que se expresa con mucha mayor libertad.
Sea como sea, creemos en el destino de la Unión Europea (UE), complejo, difícil, que, pese a quién pese, ha logrado construir progresivamente un sistema de búsqueda de equilibrios, que son los que la globalización ha tratado de destruir, sin lograrlo del todo. Hay un reequilibrio hacia la llamada economía social del mercado. De una manera o de otra, la UE ha conseguido mantenerlo.
Desde luego, no saldremos de la crisis por la vía de lo que ocurra en un solo país. Actualmente, el peso de la economía europea es muy importante. No obstante, no hay que olvidar tampoco a China, India y Brasil.
A más, hay que ir a una nueva carta de gobierno económico coherente y sostenible. La carta parece ser una indicación de que la gente comienza ya a pensar qué vendrá después de la crisis. Todo deberá estar bajo la óptica de la ONU, con el objetivo de ir recogiendo los valores principales para asegurar una mayor estabilidad en el futuro. La estabilidad exige un reequilibrio entre el papel regulador del Estado, la creación de riqueza del mercado, la sociedad y la gente.
Por desgracia, no hay consenso en el mundo de que procede avanzar en esa dirección. Y esto sucede porque la gente está concentrada principalmente en la crisis. El presidente de Francia, Sarkozy, ha dicho reiteradamente que necesitamos un nuevo orden mundial. Y tiene razón. El tema está sobre la mesa. Obviamente, lo urgente, que no admite demora, es que el sistema financiero vuelva a funcionar por la vía del crédito. Se debe lograr un equilibrio entre lo económico, lo social y el medio ambiente, donde los ejes son bastantes sencillos: inversión productiva, primar la economía real en contra de la especulación, empleo como elemento central que da estabilidad y dar al empleo la dignidad que tiene.
Y por último, manifestar que en esta crisis se olvidaron de las tres cosas importantes: se fueron por la especulación, se devaluó la dignidad del trabajo y hay que ver cómo tenemos el medio ambiente y el cambio climático.
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