La memoria perdida

MUJERES

Publicado: 09 ago 2026 - 00:50
Opinión en La Región
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Los humanos tenían a saber, tres potencias: memoria, entendimiento y voluntad. Pero el paso del tiempo, los medios modernos, la profusión de noticias, las discusiones y peleas públicas, las grandes y pequeñas novedades del progreso, y el progreso en sí mismo, se han cobrado la memoria. Una verdadera lástima, porque tal y como están las cosas y el cúmulo de sobresaltos por momentos que asustan como el coco, impiden su búsqueda en ese maremágnum de gritos y ocurrencias.

Pero por fortuna las redes, como las lenguas de doble filo o viperinas si se prefiere, tienen la virtud de traer a primer plano las experiencias perdidas. Así que, de vez en vez, se puede dejar de boquear como los peces y adentrarse en lo que podría catalogarse como la hemeroteca moderna para recuperar a través de reportajes, vídeos, fotografías y recuerdos a flor de piel, aquello que hoy en día fascina y que en su momento era normal. De ahí, determinado turismo que, en vez de las playas y el sol, se adentra en los grandes monumentos y barrios que todavía sobreviven como páginas de la historia, y que evidencian el actual deterioro del gusto. Las redes, que para unos son fuentes fiables para aclarar el conocimiento hoy difuso, para otros son capas nefastas de desinformación, o sea exponentes máximos de mentiras y verdades.

La música se ha convertido en berridos, el cine en batiburrillo en sombras, y el arte pictórico en adivinanzas.

Pero que entre estos desacuerdos tienen la virtud, para bien o para mal, de mostrar el feísmo que se ha cebado en el buen gusto. En los montes no se perciben árboles, sino molinos eólicos, en el campo en vez de hierba, placas solares. La música se ha convertido en berridos, el cine en batiburrillo en sombras, y el arte pictórico en adivinanzas. En vez de faroles, puro arte conservado en la parte antigua de las ciudades, hay báculos gigantes que desde las alturas observan cual ojos insomnes que iluminan a la vez que ciegan. Las fachadas artísticas que inspiraban belleza fueron sustituidas por cubos lisos con ventanucos y exceso de cemento. El horizonte carece de color y el paisaje urbano ha dejado de ser un espectáculo de vida compleja y sensible, para mostrar que el cerebro se ha hecho plano, y al que sólo asisten líneas rectas y ángulos exentos de gracia. Y no es que las líneas no tengan belleza, no, claro que la tienen, pero visto todo a gran escala, da la sensación de que a las musas se las dejó planchadas en almidón.

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