José Antonio Constenla
En Irán, la valentía tiene rostro de mujer
CAMPO DO DESAFÍO
El tratado comercial de la UE con Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), abre para el viejo continente un mercado potencial de 270 millones de consumidores. Para los cuatro países latinoamericanos, otro de 450 millones, de rentas altas y precios atractivos. Desde Europa hay sectores como el automovilístico, el industrial, los quesos o el de los vinos que se beneficiarán por la progresiva desaparición de los aranceles. Del lado americano, los productos cárnicos de vacuno y otras producciones agrícolas encontrarán mercados y precios interesantes para la exportación. La balanza comercial actual es claramente deficitaria para la UE: importamos mucho más de Mercosur de lo que exportamos.
El acuerdo, que lleva 26 años de negociaciones y al que le quedan todavía por delante obstáculos que salvar, por ejemplo, la aprobación del parlamento europeo, no está exento de oposiciones frontales, con Francia y Polonia a la cabeza; de reservas y cautelas de todo tipo que deben vigilar las condiciones de su cumplimiento, las posibles distorsiones del mercado y, todo ello, con la vista puesta en la salvaguarda de los intereses de los productores europeos. Pese a las garantías ofrecidas, el sector agrícola y ganadero europeo no las tiene todas consigo. Las movilizaciones en las ciudades y en las principales vías de comunicación de toda Europa, también en Galicia, ponen de manifiesto la honda preocupación existente en estos sectores, muy golpeados ya por la carestía de los insumos y la dificultad de trasladar los costes a los precios. Italia, por ejemplo, solo dio su aprobación al acuerdo tras lograr mayores garantías para sus producciones más expuestas.
Pese a las garantías ofrecidas, el sector agrícola y ganadero europeo no las tiene todas consigo.
A nadie se le escapa y la UE así lo ha reconocido que, tras el acuerdo logrado, estaban las endiabladas circunstancias generadas por la acción de la presidencia de Donald Trump, tanto en la imposición de aranceles a los productos de la UE como su abandono de tantos foros multilaterales. La UE responde a estas políticas con más apertura comercial y acuerdos globales, perseverando en su voluntad de mostrarse como el mercado más abierto del mundo.
Sería absurdo negar o minusvalorar los riesgos de esta estrategia de apertura de mercados. La globalización ha demostrado con creces las amenazas que para sectores enteros de actividad supone la desprotección de los productores locales. En toda Europa, a diario, miles de pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas cierran sus puertas por falta de rentabilidad, ausencia de relevo generacional o búsqueda de mejores condiciones de vida. Galicia no es una excepción, solo compensada por la aparición y consolidación de nuevos grupos cooperativos capaces de integrar la producción, la transformación industrial innovadora y la comercialización de sus productos. Una trascendental tarea de modernización siempre inacabada y que ahora merecería nueva atención e impulso.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
SIN ALTERNATIVAS PLANIFICADAS
El PSOE pide un plan para aparcar y un proyecto para la Alameda
MOTOR ECONÓMICO
La Xunta renueva su apoyo a la viticultura de la Ribeira Sacra
LEVANTAR EL TROFEO
La Copa Diputación entra en octavos
SUBVENCIÓN DEL GOBIERNO
Muimenta contará con huerto para la producción ecológica