Miguel Abad Vila
TRIBUNA
MK-Ultra
TRIBUNA
No teman. No se trata de la promoción de un innovador producto quita-grasas. Por lo menos en el sentido literal de la palabra, aunque a más de uno seguro que le derritió el cerebro, al fin y al cabo materia grasa en el 60% de su peso seco. En los años más tensos de la Guerra Fría, Estados Unidos puso en marcha uno de los programas más controvertidos de su reciente historia: la operación MK-Ultra. Bajo la dirección de la CIA, este proyecto secreto se concentró en la investigación de técnicas de control mental con fines de seguridad nacional. Pero en realidad, lo que se reveló décadas más tarde fue una cadena de abusos que vulneró los derechos fundamentales de cientos de personas.
El LSD, entonces una sustancia relativamente poco conocida, fue uno de los principales instrumentos utilizados
Comenzó en 1953 y se desarrolló durante más de dos décadas. Su objetivo era estudiar la manera de influir en la conducta humana mediante drogas, hipnosis o técnicas psicológicas extremas, especialmente en interrogatorios y operaciones de inteligencia. El LSD, entonces una sustancia relativamente poco conocida, fue uno de los principales instrumentos utilizados. También se recurrió a electroshocks, privación sensorial y combinaciones de fármacos con efectos imprevisibles. Lo más grave de este programa fue la ausencia total de consentimiento informado. Muchos de los sujetos utilizados no sabían que estaban participando en experimentos financiados por el Estado. Entre ellos hubo pacientes psiquiátricos, presos, soldados y ciudadanos comunes. Algunas pruebas se realizaron incluso en hospitales y universidades, sin que los propios investigadores conocieran el verdadero origen de los fondos.
Uno de los casos más llamativos fue el del científico Frank Olson, que murió tras sufrir una crisis psicológica provocada por la administración encubierta de LSD. Durante años, su fallecimiento se presento como un suicidio. Investigaciones posteriores han demostrado que había sido drogado sin su conocimiento, convirtiéndose en una de las víctimas más visibles de un programa que permaneció oculto durante décadas.
La existencia de MK-Ultra salió a la luz en los años setenta, cuando una comisión del Senado estadounidense investigó los abusos cometidos por las agencias de inteligencia. Sin embargo, gran parte de la documentación ya había sido destruida por orden de la propia CIA, lo que ha impedido conocer el alcance real de los experimentos y el número exacto de víctimas. Más allá del escándalo científico, MK-Ultra plantea una reflexión que continua siendo actual. La seguridad, incluso en contextos de amenaza real, no justifica los medios. Cuando el poder actúa sin control ni transparencia, se multiplica el riesgo de vulneración legal. En estos tiempos marcados por los avances en neurociencias, tecnología y análisis del comportamiento, recordar que MK-Ultra no es un ejercicio de nostalgia oscura, sino una advertencia. Sólo la ética y el control democrático pueden evitar aberraciones semejantes.
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