Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
Hay pocas cosas tan nocivas como la ignorancia que pretende ser ilustrada. Vuelve estos días la innecesaria polémica sobre la voz “moro”. Toda palabra depende del uso que se haga de la misma. Viene de “mauri”; es decir, habitante de lo que Roma llamaba la “Mauritania Tingitana”, provincia romana situada en el extremo occidental de la costa africana del mar Mediterráneo. Se correspondía aproximadamente con la parte noroeste del actual Marruecos. Esta provincia tenía una especial relación económica con la Bética. Y llamarles mauris a sus pobladores, no era un insulto.
"La pregunta es si se permitiría que se celebrasen cultos cristianos en la antigua catedral, luego mezquita de Santa Sofía en Estambul"
A los que estos días malmeten con respecto a considerar por principio que la palabra moro es de por sí un agravio, delito de odio, xenofobia y islamislán fobia, sin más, les convendría leer como empieza el poema “Adelfos”, de Manuel Machado: “Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron/ soy de la raza mora, vieja amiga del sol/ que todo lo ganaron y todo lo perdieron/ Tengo el ama de nardo del árabe español”. Cierto que el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz ha cometido una innecesaria torpeza al calificar con el diminutivo “moritos” para referirse al conjunto de los musulmanes. Abunda esta desafortunada expresión al coincidir con otra polémica servida con relación a la pretensión de la comunidad musulmana de Jumilla para celebrar el degüello de corderos en su polideportivo y la serie de controversias, alguna absurda, tras el incendio de la Catedral-Mezquita de Córdoba.
En varias ocasiones, comunidades musulmanas han solicitado a la Unesco que se les permita rezar en este templo, por ser patrimonio de la Humanidad. La Junta Islámica de España tiene este objetivo como meta prioritaria. Por ciento que consta que en el solar donde se levantó la Mezquita de Córdoba estaba antes la basílica de San Vicente. Desde la conquista de la ciudad en 1236 fue consagrada como templo cristiano. La pregunta es si, a la recíproca, se permitirían que se celebrase cultos cristianos en la antigua catedral, luego mezquita de Santa Sofía en Estambul. Fue catedral ortodoxa bizantina de rito oriental de Constantinopla- Los turcos la convirtieron en Mezquita, luego fue museo y desde el primero de agosto de 2020 vuelve a ser mezquita.
En cuanto a la de Córdoba, este asunto la polémica tiene muchos perfiles, empezando por si debe llamarse Catedral-Mezquita, que es el oficial o sólo mezquita. Los intentos de musulmanes para rezar en este recinto han dado lugar a diversos incidentes, el grave fue el ocurrido en 2010. En una operación preparada se metieron en el templo en pequeños grupos 118 de pretendidos turistas austríacos, pero todos de diversos países musulmanes de origen, dos de ellos serían detenidos y uno de ellos, acusado de intento de homicidio contra un vigilante que le advirtió que no podían consumar su propósito en el templo, en el que en aquel momento se celebraba una eucaristía.
Según las imágenes de las cámaras de seguridad, los pretendidos turistas entraron en la Catedral en pequeños grupos de dos y tres personas con claro disimulo e interconectados visualmente y con “walkie-talkies” reuniéndose en un lateral de la Mezquita, donde comenzaron a rezar arrodillados. A los diez minutos de que comenzaran sus rezos, uno de los agentes de seguridad del templo solicitó al líder que dejaran de orar, sin que pudiera acercarse a él al impedírselo cuatro de los musulmanes. El vigilante fue agredido en la cara y otro de los rezadores sacó una navaja con la que le lanzó una cuchillada al pecho. Al intentar evitar la agresión, el vigilante resultó herido en la mano izquierda, mientras que otro de los implicados, intentó arrebatarle la pistola a otro de los vigilantes, que también sufrió heridas leves.
Tres años después el Juzgado de lo Penal número cinco de Córdoba absolvía a los ocho turistas musulmanes austríacos que protagonizaran este altercado, porque juez señalaba que no ha quedado acreditado que los ocho acusados se pusieran previamente de acuerdo para una finalidad delictiva y tampoco que hayan ejecutado una alteración manifiesta del orden público. El magistrado aclara en la sentencia que no le corresponde valorar para sancionar “comportamientos socialmente reprochables”, que manchan “con intransigente cerrazón, la natural y pacífica convivencia entre religiones”. O sea, no se fijó en lo que mostraron las cámaras y el testimonio de los vigilantes agredidos cuando cumplían su deber y las normas vigentes en el templo.
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