Manuel Herminio Iglesias
DENDE SEIXO-ALBO
A realidade supera á ficción
La publicación a comienzos de año del nuevo censo electoral por parte del Instituto Nacional de Estadística volvía a disparar las alarmas sobre el descenso de la población en nuestra provincia. El envejecimiento y la falta de expectativas laborales para los más jóvenes son dos factores que determinan esta caída, considerablemente más acentuada en las zonas rurales que en la ciudad.
En la actualidad, el 63 por ciento de nuestros ayuntamientos tienen menos de 2.000 habitantes y nueve de ellos no llegan siquiera a 1.000.
Esta realidad debe hacernos reflexionar sobre la necesidad de plantear cambios y, en ocasiones, también renuncias en la forma de afrontar el futuro de nuestras aldeas abocadas al despoblamiento y, en algunos casos, al abandono total.
Una de las víctimas de esta situación es el patrimonio artístico, eminentemente religioso, que poseen estos pueblos. Todos ellos disfrutan de algún legado del que se sienten legítimamente orgullosos y con la responsabilidad de preservar para las generaciones futuras. Hasta ahora, esta herencia era conservada y vigilada por los feligreses y los párrocos.
No obstante, cada vez observamos con más frecuencia cómo la tozuda realidad del despoblamiento rural y la disminución de curas, junto con la falta de recursos para mantener en pie las iglesias, albergues a su vez de interesantes piezas artísticas, está poniendo en evidencia el sistema de guarda y custodia de este patrimonio. Lo que rigió durante siglos, comienza a fallar y se hace necesario la búsqueda de otras alternativas que, con la mayor premura posible, permitan poner a salvo un pilar tan importante de nuestra cultura. Datos técnicos confirman que en la actualidad se está perdiendo mucho patrimonio debido, en la mayoría de los casos, a los robos y al abandono.
Hasta el momento, el interés de arbitrar soluciones que pongan a salvo estas obras de arte, en muchos casos singulares, no ha sido grande. Por lo tanto, ya es tiempo de salir del ensimismamiento y de dejar de hacer oídos sordos para asumir la respon sabilidad que nos corresponde: preservar una herencia de la que sólo somos depositarios y que debemos transmitir en las mejores condiciones.
Ante esto, se impone analizar con realismo y en tiempo presente, si una de las primeras soluciones de las que habría que echar mano debería ser recuperar el proyecto de la instalación de un museo diocesano en la provincia, que recogiese y custodiase todas aquellas obras que están en peligro de desaparecer por no poder disponer de las medidas adecuadas de conservación y seguridad. Se cuenta ya con el camino andado de que éste ya existe sobre el papel y que se puede disponer de unas instalaciones tan apropiadas y de interés como son las de la capilla del antiguo semi nario, hoy casa sacerdotal. Este museo, en su plan director, debería recoger, además de su carácter divulgativo y pedagógico imprescindible en cualquier centro de estas características, la creación de una escuela de restauración que tanto necesita el abundante y, en ocasiones, deteriorado patrimonio ourensano. El hacer realidad esta idea, presente en la mente de muchos, exige llevar a cabo una acción concertada entre los vecinos implicados, las instituciones y la diócesis. El consenso debe ser uno de los objetivos no sólo prioritario, sino imprescindible, ya que la existencia del museo debe entenderse como una cooperación cultural entre la Iglesia y la sociedad civil, no sólo para mantener el legado de nuestros antepasados, sino también para acercarlo a la sociedad dando un paso importante para cumplir la máxima de que todos los ciudadanos deben ser destinatarios de la cultura.
En otro orden de cosas, el museo contribuiría a completar, nunca a sustituir, el itinerario por el arte sacro ourensano ya comenzado en pequeños museos existentes en algunas villas de la provincia y coronado por el museo catedralicio, que alberga una rica e interesante colección de piezas y que, sin embargo, está tan necesitado de una remodelación que lo adecue a las demandas de los museos modernos para darle una mayor proyección. El interés de este proyecto también está avalado por la existencia de otros museos diocesanos de características similares dentro de nuestra propia comunidad autónoma que están funcionando con un alto grado de aceptación.
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